Por Manuel Antonio Vega
Es difícil determinar qué es más profundo en la vía que conecta a Hato Mayor del Rey con El Valle y Sabana de la Mar: si las grietas geológicas que fracturan su pavimento o el abismo de apatía estatal que ha devorado las esperanzas de toda una región durante más de cinco décadas.
Lo que debería ser una arteria vital para el desarrollo turístico del Este dominicano se ha convertido, por obra y gracia de la desidia política, en un monumento a la ineficiencia y en una trampa mortal para quienes se atreven a transitarla.
Una cronología de parches y engaños
La historia de esta carretera parece un guion de realismo mágico, pero sin la magia.
Desde que Horacio Vásquez la abrió en 1926 y Trujillo la asfaltó en el 57, cada administración ha pasado por ella con más interés en la foto de la inauguración que en la calidad de la ingeniería.
El ciclo del «paño con pasta»: Desde los tiempos de Balaguer hasta los gobiernos del PLD (Fernández y Medina), la estrategia ha sido la misma: asfalto superficial para calmar las protestas y contratos millonarios que se hunden con la primera lluvia.
La burla electoral: Resulta indignante recordar cómo en 2004 se llegó al extremo de inaugurar una obra con vicios de construcción evidentes solo para apuntalar una reelección.
Aquel «paño con pasta» de Hipólito Mejía no fue una solución, fue una bofetada a la seguridad ciudadana.
El cambio que se quedó a mitad de camino
La actual gestión de Luis Abinader no escapa al juicio de la historia.
Aunque se han visto avances como el puente sobre el río Guamira, el ritmo es exasperante.
Resulta incomprensible que, tras casi siete años de promesas de cambio, la obra presente deterioros graves antes de ser siquiera inaugurada.
¿Cómo se explica que una vía presente hundimientos y grietas mientras aún está «en construcción»?
La respuesta es sencilla: se sigue priorizando el parche político sobre el estudio geológico serio.
Las fallas en los kilómetros 18, 20 y 25 no son un secreto de Estado; son realidades técnicas que cualquier ingeniería responsable debería haber resuelto hace décadas.
El costo humano de la apatía
Mientras los gobiernos se pasan la antorcha del incumplimiento, el costo lo pagan los ciudadanos con: Vidas perdidas: Los accidentes y deslizamientos no son «fatales casualidades», son responsabilidad directa de un Estado que ignora el peligro.
Aislamiento económico: Sabana de la Mar y El Valle ven frenado su potencial turístico y agrícola por una vía que parece más un camino vecinal bombardeado que una carretera regional.
Desgaste social: Más de 50 huelgas desde el año 2000 no son producto del capricho, sino del agotamiento de un pueblo que se cansó de ser usado como botín electoral.
Ya no bastan las visitas oficiales ni las promesas de «pronta entrega».
La carretera Hato Mayor-Sabana de la Mar es la prueba fehaciente de que, para nuestra clase política, el Este profundo solo existe en el mapa cuando hay urnas de por medio.
Si el gobierno de Abinader no quiere pasar a la historia como otro eslabón en la cadena de la apatía, debe terminar esta obra con el rigor técnico que los kilómetros 18, 23 y 25 demandan.
De lo contrario, las protestas que hoy se asoman en el horizonte no serán más que el eco justo de un pueblo que se resiste a seguir hundido en las grietas del olvido.
Ya basta de parches. Hato Mayor exige respeto, que le terminen esa carretera.
La última huelga que ñaralizoy el comercio, la docencia y el transporte se realizó el 29 de mayo de 2019.
En 1990 se desarrolló una de las violentas huelgas, que afectó la vida de un chofer y un comerciante, que armado trató de pasar en una motocicleta por el medio de la manifestación.
No queremos que hechos tan aberrante se sucedan de nuevo por la apatía de la muletas oficial







