Por Manuel Antonio Vega
SANTIAGO.-La tragedia ocurrida en La Herradura, Santiago, es un eco de dolor que resuena más allá de los titulares.
No es solo la muerte accidental de G. P., una adolescente de 13 años, sino la destrucción instantánea de dos futuros lo que ha conmocionado al sector.
El momento Perdido y la culpabilidad accidental
El foco inmediato de la tragedia es el primo de la víctima, también de 13 años. La noticia lo describe manipulando una pistola que pertenecía a su padre, un acto de curiosidad juvenil y temeraria, magnificado por la presencia de un arma de fuego sin seguro.
La Carga Emocional: Para este joven, el recuerdo de ese instante —el sonido, la caída de su pariente— será una herida que probablemente lo acompañe de por vida.
Vive ahora con una culpa que, si bien legalmente será analizada bajo la óptica de la accidentalidad, en su fuero interno es el peso de haber causado la muerte de un ser querido, una compañera de juegos y de vida.
»Dos Futuros Perdidos»
Como bien expresó el residente, Generoso de León, la víctima perdió su vida, pero el niño que disparó pierde su inocencia, su tranquilidad y una parte de su propia identidad, quedando marcado por el evento.
La Responsabilidad del adulto y la ausencia del arma
La investigación no solo se centra en el menor que disparó, sino en el contexto que permitió el suceso.
El hecho de que el arma perteneciera al padre del primo y estuviera accesible a un adolescente es el punto central de la responsabilidad adulta.
Custodia de Armas: La ley exige un control estricto sobre las armas de fuego.
Dejar un arma cargada y sin asegurar al alcance de niños es una negligencia grave que ahora se enfrenta a consecuencias fatales.
La detención de otros familiares sugiere que las autoridades están indagando quién tenía la responsabilidad sobre esa pistola y por qué no fue custodiada adecuadamente.
La Desaparición del Arma Homicida: La no localización del arma cuando las autoridades llegaron al lugar es un elemento crucial y perturbador de la investigación.
Esto podría implicar:
Un intento desesperado por parte de los familiares de ocultar la evidencia y proteger al padre del arma.
La posibilidad de que la familia quisiera evitar la implicación legal por la posesión o el mal uso del arma.
La manipulación de la escena del crimen, lo que añade complejidad y posibles cargos adicionales por obstrucción a la justicia para los adultos.
El Camino Legal y Psicológico
El caso es manejado por el Ministerio Público, y el menor se encuentra bajo custodia, sujeto a las leyes que rigen a los adolescentes.
Justicia Juvenil: El sistema de justicia debe ahora equilibrar la necesidad de la verdad y la responsabilidad con la comprensión de que el autor del disparo es también un menor y, en esencia, una víctima de la negligencia en el hogar. Se deberá considerar la naturaleza accidental del acto, aunque la posesión y manipulación del arma seguirán siendo objeto de investigación.
El proceso de la familia: La familia ha sido rota por este evento.
Además del duelo por G. P., enfrentan las consecuencias legales, el escrutinio social y la necesidad de buscar ayuda psicológica profunda para el primo, los padres y los demás parientes detenidos.
El INACIF, con la autopsia, cierra la parte forense de la vida de G. P., pero abre el capítulo del proceso legal y emocional para los que quedan.
Este suceso, como bien se destaca en la opinión del comunitario, subraya la urgente necesidad de reforzar el control y la educación sobre el uso y la custodia de las armas de fuego en los hogares.
La negligencia de un adulto en ese sentido ha dejado una cicatriz irreparable en el corazón de dos familias y en la comunidad de La Herradura.







