Cementerio cierra por ser día de fiesta y deja a todos esperando en pleno entierro
Por Manuel Antonio Vega
Es una realidad humana, ineludible, que exige respeto y diligencia en todo momento.
El dolor de la pérdida no entiende de calendarios ni respeta días feriados.
Por ello, lo ocurrido este 10 de noviembre de 2025 en el Cementerio de La Higuera, Santa Lucía, El Seibo, no es solo un incidente, sino una vergonzosa falta de sensibilidad y coordinación en un servicio que, por su naturaleza, debería ser ininterrumpido.
La imagen de familiares y amigos de la señora Doña Tata obligados a esperar con el ataúd a cuestas, frente a unas puertas cerradas, es una metáfora cruda de la burocracia insensible.
Se estableció que el motivo era porque el cementerio estaba cerrado por ser «día de fiesta».
¿Desde cuándo un cementerio, el último lugar de descanso y consuelo, se permite el lujo de cerrar sus puertas en el momento más vulnerable de una familia?
“Dicen que está cerrado porque hoy es día de fiesta, pero se trabaja todos los días”, manifestaba la indignación de los dolientes, y con razón.
El encargado, el señor Mateo, al no presentarse a la hora pautada, falló no solo en su deber laboral, sino en el deber ético y moral que conlleva su posición.
Los servicios esenciales, y la gestión de un cementerio lo es, requieren una planificación de turnos y guardias que garantice la operatividad 24/7, especialmente en días festivos.
El dolor y las necesidades de sepultura no pueden programarse para después del feriado.
Este insólito suceso pone en evidencia una grave falla en la coordinación y supervisión de los servicios municipales o de la entidad responsable del camposanto.
El proceso de duelo y el acto de dar el último adiós a un ser querido son momentos sagrados y delicados que exigen el máximo respeto y eficiencia.
No hay excusa para el retraso, la falta de personal o la despreocupación.
El cierre forzoso de un cementerio en medio de un entierro no es un simple inconveniente logístico; es una afrenta al luto, una revictimización de los dolientes y un ejemplo lamentable de cómo la falta de diligencia puede convertir un momento de profundo dolor en un acto de humillante espera.
Es imperativo que las autoridades de El Seibo tomen medidas inmediatas y ejemplares.
No basta con disculpas; se requiere una revisión exhaustiva de los protocolos de los servicios esenciales para asegurar que un hecho tan bochornoso no vuelva a repetirse.
La memoria de Doña Tata, y el respeto a todas las familias en duelo, lo exigen.
Está asombra, pues aquí también se realiza el Viernes Negro con los ataúdes a bajo precios.







