Silencian la vida de joven a tiros y corte de machetes en Hoyo de Friusa
Manuel Antonio Vega
BSVARÓ.- El sol, implacable como siempre sobre la turística Bávaro, no pudo disipar la sombra fría que cayó sobre el Hoyo de Friusa. No era un día más en la bulliciosa calle principal del sector; era el día en que la vida de un joven se apagó de forma violenta y prematura.
La víctima, identificada como Tony Familia Jáquez, pero conocido en el barrio con el melancólico apodo de “Lagrimita”, de apenas 25 años, yacía en esa misma calle, testigo mudo del horror.
Las heridas que cubrían su cuerpo eran la prueba brutal de la agresión, ocasionada múltiples impactos de arma de fuego y cortes de arma blanca en distintas partes de su anatomía.
El ataque fue combinación letal que no le dio oportunidad a defenderse.
Tras el incidente, el cuerpo de «Lagrimita» fue encontrado gravemente herido, en una carrera contra el reloj y la fatalidad, fue trasladado de inmediato a un centro de salud cercano.
El personal médico libró una batalla desesperada, pero la gravedad de las lesiones, causadas por la saña del ataque, era insuperable. Tony Familia Jáquez falleció, sucumbiendo a las heridas que transformaron una noche o tarde cualquiera en su última estsdía en la misteriosa barriada de Friusa, poblada mayormente por inmigrantes haitianos.
Los Presuntos Verdugos
Rápidamente, la atención se centró en la identidad de los responsables, señalando los informes preliminares a dos hombres, conocidos por los alias de Primo y Lulú, como los presuntos autores materiales del crimen.
La noticia destacada por medios digitales locales corrió como pólvora en la comunidad, y ahora, la Policía Nacional ha desplegado un operativo para dar con su paradero.
El Hoyo de Friusa está en vilo, esperando la captura de quienes sembraron el luto al silenciar la vida del extinto joven.
Un velo de misterio ocultan como casi siempren, las circunstancias exactas que condujeron a este trágico final , y las autoridades siempre con el estribillo de que «permanecen bajo investigación»
.
¿Fue un ajuste de cuentas? ¿Una riña que escaló hasta lo irremediable? ¿O algo más oscuro?
Estás preguntas quedan sueltan, para ser llenada por las autoridades cuando un «milagro’ logré la localización y captura de los sospechosos.
Mientras tanto, en la calle principal, el aire parece cargado de silencio y dolor. El apodo de Tony, «Lagrimita», ahora se siente más apropiado que nunca, reflejando el llanto que embarga a una familia y a un barrio que lamenta la pérdida de uno de los suyos a manos de la violencia.
La justicia es la única promesa que queda en pie para mitigar el dolor de esta trágica crónica.







