Por Manuel Antonio Vega
SAN PEDRO DE MACORÍS. En los pueblos del Este, donde el sol se alza prometiendo el calor de un nuevo día, a veces solo trae consigo la sombra de la tragedia. La soga, testigo mudo y cruel, se ha convertido, lamentablemente, en la herramienta que sella el destino de demasiadas almas.
Este lunes, el calor de la mañana ya se sentía intenso en el barrio Villa Orilla, presagio de una jornada sofocante, pero el ambiente se enfrió súbitamente con la llegada de la muerte.
En la calle Maximiliano Gómez, una vivienda marcada con el número 3 se convirtió en el escenario de un dolor incomprensible, al saberse que Marleny Orerquis Andújar, una joven de tan solo 22 años, cuya vida fue truncada de la manera más lúgubre.
Para consumar su dolorosa y definitiva decisión, Marleny utilizó un objeto tan íntimo como una sábana, la misma que la arropó durante la noche y la madrugada del sábado al domingo.
La tela fue atada a una viga y luego a su cuello, sellando un final prematuro al dejarse caer.
Las autoridades competentes se movilizaron hasta el lugar.
El legista Leonardo Rodney, médico, se presentó para el levantamiento del cadáver y su informe preliminar, dolorosamente «aclichezado» por la frecuencia de estos sucesos, no hizo sino confirmar la causa del deceso: asfixia por ahorcadura.
El silencio en la calle Maximiliano Gómez era espeso, solo roto por el pesar de los vecinos y familiares.
Este relato termina sin respuestas. Ni la familia, sumida en el estupor, ni las autoridades han podido concluir cuáles fueron los motivos, las razones oscuras que empujaron a Marleny a tomar una decisión tan fatal.
Así, una vez más, el barrio Villa Orilla ve cómo una vida joven y prometedora se esfuma en la incomprensible soledad de la desesperación, con la soga como el último y triste verdugo.







