Por Manuel Antonio Vega
SAN PEDRO DE MACORÍS.— El tiempo, ese verdugo inexorable, pasa para los moradores de La Puerta de Santa Fe como un abrir y cerrar de ojos, marcando ya tres décadas de espera, 30 años aguardando la «magia del asfalto» que, prometida una y otra vez, nunca llega a este sector de San Pedro de Macorís.
El día a día aquí es una crónica del deterioro y la incomodidad, pues en tiempo de lluvias, las calles de Santa Fe se transforman en una pesadilla lodosa.
Los vecinos tienen que maniobrar con destreza para pisar sobre charcos de aguas negras y barro, o caminar por las orillas de las «lagunas» que se forman en las vías principales.
Cuando la sequía aprieta, la única alternativa es saltar sobre las piedras y el cascajo, debido al franco y avanzado estado de destrucción de las vías de acceso y penetración al sector.
»Estamos pasando la de Caín por el avanzado estado de destrucción de las principales vías.», gritó un dirigente comunitario.
El hartazgo de la comunidad, sin embargo, ha tocado un punto de inflexión, cuando líderes comunitarios de La Puerta de Santa Fe sostuvieron una reunión el pasado fin de semana para organizarse y convertir su frustración en un reclamo unificado.
Han anunciado
una serie de protestas pacíficas para exigir soluciones a las necesidades que, según afirman, han sido ignoradas sistemáticamente por las autoridades.
Durante el encuentro, las voces de los comunitarios resonaron al unísono: están «cansados de solicitar la mano amiga» del alcalde Raymundo Ortiz, sin obtener respuestas concretas.
El llamado se extiende también al Ministerio de Obras Públicas y a la gobernadora provincial, Yobanny Baltazar, para que intervengan de manera urgente en auxilio de la comunidad.
La Memoria Corta de la Campaña
La indignación de los vecinos tiene un punto focal: la efímera presencia de los políticos durante los procesos electorales,.al quejarse amargamente de que, en tiempo de campaña, los equipos pesados —los gredar, rodillos y camiones con tosca— llegan al barrio con la promesa de solución, pero, «pasado el proceso de votación esos equipos se esfuman o lo desaparecen del lugar.»
La comunidad se siente burlada, atrapada en un ciclo de promesas incumplidas: «Nos tienen corriendo para arriba y para abajo que van resolver, pero no concluyen en nada,» denuncian.
Tras los discursos de los líderes frente a la prensa local, la comunidad se congregó frente a una de las lagunas formadas por las lluvias. Allí, sus voces estribilladas se escucharon a coro: «Treinta años de lucha y el gobierno no ejecuta.»
La protesta pacífica lleva consigo una advertencia severa. Los vecinos de Santa Fe, con la dignidad empantanada en el lodo, vociferaron una amenaza que refleja la desesperación de tres décadas: «Si no asfaltan el barrio, aquí va a haber candela.»
Las manifestaciones se desarrollarán de forma ordenada, pero con la firmeza de quienes ya no tienen nada que perder salvo su derecho a unas vías dignas.
La Puerta de Santa Fe ha abierto la compuerta de la paciencia, y espera que las autoridades, esta vez, respondan antes de que el lodo se convierta en una hoguera de reclamo.







