Por Manuel Antonio Vega
CONSUELO.- El municipio de Consuelo, otrora remanso de paz, ha sido tragado por una marea negra de delincuencia que siembra el terror y ahoga la tranquilidad de sus habitantes.
Las calles, antes testigos de la vida cotidiana, se han convertido en corredores de miedo, y los hogares en fortalezas asediadas por el crimen.
El pueblo bajo asedio,
ha dejado de ser ese «pueblo tranquilo», para convertirse en la zona cero a donde los criminales acuden para ejecutar sus «periplos» de asaltos y robos.
La gente vive atemorizada, encerrándose con candados, una medida desesperada para evadir el asalto a cualquier hora.
Los disparos nocturnos han usurpado el silencio, robando el sueño de los ciudadanos.
Las carreras clandestinas en la carretera Mella hacia Hato Mayor añaden una capa más de amenaza, transformando una vía vital en un peligro constante.
Siria Bello, a través de su portal La Campanatvrd.com, ha encendido la luz de alarma, enumerando una reciente y escalofriante ola de actos delictivos que confirman la crisis: dos atracos a mano armada y la descarada circulación de dólares falsos, todo en un lapso de días.
Para una comunidad de este tamaño, dos atracos es una declaración de guerra contra la paz social.
La semana de terror
En menos de siete días, Consuelo ha sido testigo de una serie de golpes que cimientan la sensación de que están «como chivo sin ley»:
Un individuo armado atracó al conocido comerciante Alberto Reyes en su negocio de la Calle Anacaona, Barrio Santa Ana.
Huyendo en motocicleta con un cómplice, se llevaron una suma indeterminada de la venta del día.
El sábado último fue de Falsificación, pues una pareja, presuntamente esposos, recorrió varios comercios. Su modus operandi fue la estafa con dólares falsos.
Fueron atrapados in fraganti al frente de Almacenes Zaglul, gracias a la rápida detección de una cajera.
El miércoles fue un día violento: La última víctima fue una misionera norteamericana, atracada a punta de pistola por un motorizado en la entrada de ASCALA (Asociación Scalabriniana al Servicio de la Movilidad Humana), en la Carretera Mella.
Fue despojada de su cartera con dinero, celular, tarjetas de crédito y, lo más crítico, su pasaporte. La Hermana Eugenia, monja escalabriniana, clama desesperadamente solo por la aparición del documento de la extranjera, quien «pasó un gran susto».
El Grito de Desamparo
Estos tres sucesos en tan corta sucesión son la prueba innegable de la inoperancia que la comunidad le achaca a las autoridades policiales.
La gente de Consuelo está pidiendo a gritos: Más protección y vigilancia.
Urgen un aumento de la presencia policial en los sectores más vulnerables.
La dotación actual es insuficiente para contener el torrente criminal que merodean al municipio cañero.
La crítica más dura se dirige a la Policía Nacional (PN): «Es la última en llegar» cuando se le alerta de los atracos.
Esta tardanza, esta desatención, ha llevado a la ciudadanía a un punto de quiebre donde se está sugiriendo que la dotación policial sea, simplemente, «extrañada del pueblo» por considerarla ineficaz.
Los ciudadanos se encierran, y el crimen campea a sus anchas, dejando la amarga sensación de que la justicia y el orden han abandonado el municipio.
Se expecula en la ciudad que los hechos delincuenciales vienen dado por el alto consumo y venta de sustancias alucinógenas.
Se denuncia que nos puntos de drogas operan además como compraventa donde truecan los artículos robados por drogas.
Además se denuncia que algunos puntos de drogas, los más fuertes, tienen garitas con vigía y cámaras de vigilancia, para detectar la presencia de los agentes antinarcóticos en la zona, lo que le permite recogerse o escabullirse, para no ser aprehendidos.
De ser cierto lo relatado por los habitantes de Consuelo, se puede colegir que allí hay una estructura fuerte, capaz de burlar los estamentos militares y judiciales de San Pedro de Macoris.
A Consuelo hay que intervenirlo, volver al orden y calmar a un pueblo que vive temeroso por la creciente ola delictiva que lo merodea.







