Por Manuel Antonio Vega
La invasión Norteamericana de 1916 generó focos de resistencia en toda la República Dominicana.
El poblado de Miches no fue la excepción, pues la tensión era palpable cuando campesinos alertaron al jefe del puesto militar norteamericano (o colaboracionista) sobre la presencia de Martín Peguero y su tropa, conocidos como la «tropa del monte,» quienes planeaban tomar la población.
Ante la amenaza inminente, el jefe de puesto actuó rápidamente, y solicitó a Evaristo Páez que dirigiera un grupo de hombres a Playa Arriba para cortar madera.
¿El objetivo?
Construir una torre de vigilancia en el cuartel, esta estructura era vital para divisar a los guerrilleros y evitar ser sorprendidos.
Páez, cuya casa estaba frente al cuartel, se vio obligado a cooperar, un acto que pronto le traería graves consecuencias.
No pasó mucho tiempo antes de que la noticia de la construcción de la torre y la «colaboración» de Evaristo Páez llegara a oídos de la tropa del monte.
Días después, Páez solicitó permiso para salir de la población hacia su campo en busca de víveres.
En este trayecto fue capturado y hecho prisionero por los hombres de Martín Peguero.
Fue amarrado a una mata de cabirma y sometido a un intenso interrogatorio para obtener información.
Al no regresar Evaristo al caer la noche, su esposa, Anisia Mártir, sospechó que había sido capturado, por lo que al amanecer, se dirigió al conuco y, efectivamente, encontró a su esposo atado, hecho prisionero.
Inmediatamente, fue hecha prisionera por los dos hombres que custodiaban a Páez y llevada ante la presencia de Martín Peguero, líder dea guerrilla en las escarpadas montañas que formana correa de la Cordillera Oriental, o Sierra del Seibo.
Este encuentro resultó ser el punto de inflexión, ya que al interrogar a Anisia Mártir, Peguero descubrió que ella era hija de su compadre, Juan Bautista Mártir.
Este vínculo personal fue crucial, porque permitió la
liberación de Anisia.
Martín Peguero ordenó su libertad, pero le impuso la condición de no regresar ese día a la población.
Temía que su presencia alertara a los norteamericanos, pues su plan era tomar el cuartel por asalto esa misma noche.
Las declaraciones de Anisia despejaron las dudas sobre Evaristo Páez, pues Martín Peguero ordenó que lo soltaran del árbol, pero le impuso el compromiso de quedarse con ellos y acompañarlos durante el asalto al cuartel.
El ssalto se dió y la retirada se produce al caer la noche, cuando la tropa comenzó a movilizarse en dirección a la población de El Jovero.
En medio de la oscuridad y la confusión de la marcha, Evaristo Páez, aprovechando la oportunidad, logró desertar y se dio a la fuga.
A la medianoche, la tropa de Martín Peguero llevó a cabo el asalto al cuartel.
La dotación militar se vio obligada a replegarse y buscar refugio en las lomas cercanas al cementerio, esperando la luz del día para poder enfrentarlos.
La tropa del monte recorrió la pequeña población. Varios comerciantes, ante la presencia de los insurrectos, se vieron obligados a abrir sus puertas, permitiendo a los hombres de Peguero aprovisionarse de artículos esenciales como sal y aceite.
La tradición ancestral da detalles que a la mañana siguiente, bien abastecidos, los guerrilleros abandonaron Miches.
Para evitar el fuego por la espalda de los militares replegados, apresaron a varios de los principales hombres del pueblo, entre ellos Pipí Peralta, Lolingo Natera, Cesáreo Severino y Alfredo Simó, y los utilizaron como escudo humano durante su retirada.
Una vez fuera de Miches y sus amenazas militares, la tropa se dirigió por el camino real rumbo a La Mina.
Al caer la tarde, llegaron al paraje de Las Lisas, donde la atmósfera fue completamente distinta.
En Las Lisas no había presencia militar y la pequeña población recibió a la tropa de Martín Peguero con agrado y hospitalidad.
Les ofrecieron una gran celebración, mataron varios lechones o cerdos y prepararon un gran sancocho.
La noche se pasó entre bebida y baile, un momento de esparcimiento que contrastaba con la dura jornada de guerra vivida en Miches.
Los Yankee al ver la resistencia de los guerrilleros y por no conocer la zona, decidieron abandonar a Miches y salir a Sabana de la Mar.
Martín Peguero siguió en la zona montañosa y logró aumentar en número su ejército combativo contra el Yankee Invasor, en cuya ooblación encontraron una resistencia tan feroz que debieron ausentarse del lugar.
Los gavilleros eran campesinos y locales que se levantaron en contra de las botas invasoras.







