SANTO DOMINGO.– El reloj marcaba las 6:49 de la mañana de éste jueves 1 de enero de 2026.
Mientras la ciudad aún intentaba sacudirse el letargo de las celebraciones de Año Nuevo, en los pasillos del Hospital Universitario Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia (HUMNSA) el aire se sentía distinto: pesado, cargado de esa mezcla de antiséptico y esperanza contenida que solo se respira en una sala de partos.
Allí, bajo la luz fluorescente de un quirófano, se escuchó el primer llanto del 2026 en la capital dominicana.
Era Yaidelyn, una robusta bebé de 7 libras y 5 onzas que llegaba al mundo por cesárea, pero detrás del peso saludable y las «perfectas condiciones» que celebraba el equipo médico en redes sociales, la realidad golpeaba con la fuerza de una estadística amarga: la madre, Yanianndy Marte, es apenas una adolescente de 16 años.
Un origen de contrastes
Yanianndy llegó desde La Zurza, un sector donde las carencias suelen ser más profundas que el asfalto.
Ingresó a la 1:21 de la madrugada, cuando el cielo de Santo Domingo todavía se iluminaba con fuegos artificiales.
Mientras otros brindaban por un futuro nuevo, ella enfrentaba el final de una gestación de 39 semanas que, biológicamente, su cuerpo apenas empezaba a procesar y resistir.
El director del hospital, Jorge Jiménez, presentó el nacimiento como un éxito clínico. Y lo fue.
Un equipo multidisciplinario de ginecobstetras, perinatólogos y enfermeras garantizó que la vida de ambas se preservara.
Sin embargo, fuera del ámbito médico, el nacimiento de Yaidelyn es un recordatorio de una herida abierta en la sociedad dominicana.
La sombra de la vulnerabilidad, porque en la República Dominicana, este escenario es lo que muchos describen con la cruda frase: «niñas pariendo niños».
Aunque los protocolos médicos se cumplieron con rigor, la situación roza los límites de lo que el Código del Menor intenta proteger.
Detrás de la sonrisa de una madre adolescente se esconde, casi siempre, una historia de vulneración de derechos, falta de educación sexual y un ciclo de pobreza que se resiste a romperse.
Yaidelyn ya está aquí. Es la cara de un nuevo año.
Pero su nacimiento, en el corazón de la maternidad más emblemática del país, no solo deja una cifra para el registro civil, sino un eco de preocupación sobre las niñas que, en lugar de estar en las aulas soñando con su futuro, están en una camilla asumiendo la responsabilidad más grande de la vida antes de tiempo.
Recordar que en el contexto legal dominicano, el embarazo en adolescentes es un tema crítico que moviliza tanto a las autoridades de salud como a las instituciones de protección al menor (CONANI), debido a las implicaciones sociales y legales que mencionas.







