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El Estado contra «Ñelo»: Una injusticia vestida de azul

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Por Manuel Antonio Vega

La Policía en Magua: ¿Institución del orden o «inquilinos precarios»?

​Lo que está ocurriendo en la comunidad de Magua, en Sabana de la Mar, no es un descuido administrativo; es un abuso de poder descarado y una muestra de crueldad institucional.

Que la Policía Nacional y la Gobernación de Hato Mayor mantengan ocupada la casa de un anciano de 87 años, sin pagarle un centavo desde hace tres años, es, en términos llanos, un robo amparado por el uniforme.

​Es una burla sangrienta que el Estado dominicano, que pregona una «modernización policial» con presupuestos millonarios, sea incapaz de honrar un alquiler de apenas RD$2,500.00.

Para los burócratas en Santo Domingo, esa cifra es un viático insignificante; para Daniel Zorrilla (Ñelo), es el dinero de su comida y sus medicinas.

El Estado no solo le está quitando su casa, le está arrebatando su calidad de vida y su dignidad en el último tramo de su existencia.

​Maquillaje azul sobre la ruina

​La denuncia de Ñelo revela una hipocresía estética asquerosa: pintaron la fachada de azul para que el destacamento «parezca» que funciona, mientras el interior se pudre como una pocilga.

Es la política del engaño: fachada impecable, interior en ruinas.

Es criminal que las autoridades permitan que sus propios agentes operen en una estructura que está a punto de desplomarse, ignorando las súplicas de un hombre que solo pide que le devuelvan lo que construyó con el sudor de su frente.

​¿Dónde está la sensibilidad, Ministra Faride Raful?
​¿Dónde está la gestión de la Ministra Faride Raful y del Director Policial, Guzmán Peralta?
¿Es esta la «seguridad ciudadana» que prometen?

Una seguridad que se hospeda gratis en la propiedad privada de un anciano desamparado.

Es una vergüenza nacional que Ñelo tenga que implorar al Presidente Abinader para que el Estado deje de ser un «invasor» de su vivienda.

​No hay medias tintas: 1. Pagar la deuda inmediatamente, indexada por el tiempo de mora.

  1. Reparar de arriba abajo la propiedad que han destruido con su desidia.
  2. Desalojar la vivienda y dejar que ese hombre pase sus últimos días en paz en su hogar.

​El Estado dominicano se comporta en Magua como un vecino abusivo y prepotente que se aprovecha de la vulnerabilidad de un anciano.

Si no son capaces de pagar un alquiler de dos mil quinientos pesos, no tienen moral para exigirle a ningún ciudadano que cumpla la ley.

​¡Devuélvanle su casa a Ñelo ya!

La paciencia tiene un límite, y la decencia parece que, en Hato Mayor, no existe.

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