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Donald Trump, Delcy Rodríguez y el nuevo librito

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POR FARID KIRY

Tras el relámpago secuestro de Nicolás Maduro, al mejor estilo de Hollywood, la inmensa mayoría pensaba que Trump traería a Edmundo Urrutia o a María Corina Machado a la Presidencia de Venezuela. Ese es el librito clásico, el manual tradicional. Pero Donald Trump, sin rodeos, descartó a ambos. Incluso, a María Corina la desconsideró, diciéndole una gran verdad, como la de que ella carece del apoyo y el respeto para liderar una transición. Veo también cierto resentimiento hacia ella por haberle otorgado el Premio Nobel de la Paz, que obviamente ni él ni ella se lo merecen.

Donald Trump se decantó por una estrategia diferente a la habitual. Prefirió una transición de la mano del liderazgo chavista, permitiendo que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asuma el mando. Así se mantiene la línea sucesoral constitucional.

En el pasado, no lejano, quedó demostrado que ​la decapitación total de un régimen enemigo y del liderazgo de ese régimen no siempre es estratégicamente beneficiosa para el interventor.

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Fue lo que ocurrió en Irak, Libia y Afganistán. En esos países, los gringos intervinieron y acabaron con los regímenes que encontraron. ¿Y qué vino después? Vacíos de poder, guerras civiles, algunas con tintes religiosas, anarquía, caos total. En ese ambiente resultó muy díficil encontrar liderazgos creíbles y confiables que pudieran superar el caos, generar estabilidad y terminar con las intervenciones, que siempre es deseable que sean por poco tiempo.

La experiencia en esos países demuestra que una victoria inicial, acabando y sustituyendo por completo al régimen, puede terminar en un desastre. En el caso de Afganistán, tras 20 años de intervención militar y de barajar y aplicar diversas fórmulas para la estabilidad y la gobernanza, hubieron de salir en desbandada y aceptar a regañadientes el regreso de los talibanes al poder, con los cuales en estos momentos mantienen relaciones y negocios.

Prefirieron en el 2022, el regreso al poder de quiénes fueron a decapitar en el 2001, que mantenerse empantanados en una guerra, en la que morían soldados norteamericanos e invertían cuantiosos recursos. Sin duda, un mal negocio. Ahora no les está yendo mal con los talibanes. Los negocios están fluyendo y los talibanes están más prudentes, aunque en su política interna, siguen cometiendo abusos y arbitrariedades. Pero eso es lo que menos le importa a Trump.

A diferencia de lo ocurrido en esos países, la Administración Trump ha entendido más conveniente priorizar una transición funcional con una parte del régimen chavista que eliminar a la mayoría y producir, en consecuencia, un vacío de poder, que genere anarquía y guerras civiles. En fin, un Estado fallido.

Ayer le decía a un amigo que cuestionaba esa lógica de pensamiento de Trump y sus funcionarios que esa gente saben lo que están haciendo. Le dije que al no oponerse, e incluso, propiciar, el ascenso constitucional de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, Trump se está manejando dentro de una lógica geopolítica inteligente, donde la prioridad es mantener la estabilidad y no la sustitución total del régimen chavista.

Lo último que quieren es correr el riesgo de un vacío de poder en Venezuela, como ocurrió en Libia, Irak y Afganistán, que genere enfrentamientos que pongan, incluso, en peligro la industria petrolera venezolana. No solo quieren el petróleo venezolano, sino y sobre todo, no quieren que China tenga acceso libre a ese petróleo. En la lógica de Marco Rubio, expresada sin tapujos ayer, este hemisferio debe ser controlado, dirigido y aprovechado por los norteamericanos, y nadie más. Es una vuelta brutal, burda y peligrosa a la famosa Doctrina Monroe: América para los americanos.

Un vacío de poder en Caracas podría abrir la puerta no solo a luchas internas y fragmentación del Estado, sino también mayor influencia de actores externos, que siempre están al acecho como China, Rusia, Irán, y en menor medida, la misma India. Para Washington, incluso un liderazgo no del todo títere puede ser más manejable que el caos. El caos es lo último que quieren y es lo que quieren evitar.

​​El caos tiene otra vertiente: generaría una incontrolable migración, y eso tampoco se quiere. Al contrario, lo que se quiere es frenar el constante flujo migratorio, no incrementarlo.

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En definitiva, Trump ha puesto en ejecución una doctrina nueva, o como decimos por aquí, un librito nuevo, en la que privilegia negociar con el liderazgo del adversario, antes que producir un vacío de poder. Se llama poner el adversario a servir a sus intereses. Me luce que los chavistas están entendiendo esa nueva doctrina, y los que no la han comprendido, la irán asimilando poco a poco.

En Venezuela llegó la hora de levantar la bandera blanca y negociar con los norteamericanos. Y ojo: en esas transacciones, podría incluso ponerse sobre el tapete la liberación de Nicolás Maduro, mediante cualquier mecanismo que se le ocurra a Trump. El indulto es una muy buena y rápida vía. Trump es un hombre que se transa fácil, si le dan lo que quiere. En estos momentos el rubio, de cuestionables modales, y que no anda con subterfugios, está en condiciones de exigir mucho, y sus interlocutores de pedir poco.

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