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Ha fallecido un escudo Heraldico del Batey y la clase sindical, Juan de Paula

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Por Manuel Antonio Vega

En los campos donde florece el palo dulce, la caña, ha llegado la tristeza, pues ha fallecido el escudo Heráldico de los pobres.

Ha fallecido Juan de Paula, un ser humano cargado de una inconmesurable calidad humana y social.

En el municipio Quisqueya, de dónde era oriundo De Paula, el día de hoy se siente más pesado, cargado de un silencio que no es habitual.

En los bateyes del Este, donde el crujir de la zafra suele marcar el ritmo de la vida, la noticia se ha extendido como una sombra: ha muerto Juan De Paula, el hombre que convirtió la solidaridad en un oficio cotidiano.

​Se siente un vacío en el corazón del cañaveral, porque no hab
​muerto solo un dirigente sindical; ha partido el «Arquitecto Social» de las comunidades marginadas.

Para muchos en San Pedro de Macorís, De Paula era el rostro de la esperanza que llegaba cuando las fuerzas del gobierno Central flaqueaban.

Como presidente de la Fundación para el Desarrollo de los Bateyes Azucareros (FUDEBA), su labor no se limitaba a los escritorios o a las consignas; su despacho era el polvo del camino y su agenda, la necesidad ajena.

​»Si nadie le dio, a nadie le quitó el pan de la boca».

Esta frase resume la ética de un hombre que hizo de la empatía su bandera social y comunitaria.

​El rastro de sus pasos en los bateyes, y la ausencia de Juan se medirá en los camiones que ya no llegarán cargados de alivio, medicamentos, ropas, raciones alimenticias.

Su gestión se traducía en realidades tangibles.

​No faltaba la comida, los operativos semanales de alimentos para quienes el hambre es una sombra constante.

​En el campo de la salud rural, llegaba con botiquines y medicamentos a donde el sistema a veces olvida mirar.

​También llegaba cargado de ropas y recursos que devolvían un poco de brillo a las familias trabajadoras.

​Dejó un legado que no se entierra, pues se le recordará como el «Príncipe de la Solidaridad».

Juan De Paula no solo luchaba por mejores salarios o condiciones laborales; luchaba por el desarrollo integral.

Su enseñanza queda sembrada en cada líder comunitario que formó y en cada trabajador que hoy sabe que sus derechos son inalienables.

​Hoy, las banderas sindicales ondean a media asta en el espíritu de la región Este.

El «brazo ejecutor» de la acción social ha descansado, pero el eco de sus pasos seguirá resonando entre los callejones de los bateyes, recordándonos que la verdadera grandeza se mide por cuánto se entrega a los demás.

​Paz a sus restos.

En las próximas horas se informarán los detalles de las honras fúnebres para que el pueblo que tanto amó pueda darle el último adiós.

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