Por Manuel Antonio Vega
La solicitud depositada por el senador Cristóbal Castillo ante el Senado no es un simple trámite burocrático; es el grito de auxilio de un municipio que se siente olvidado por el Estado.
Exigir la terminación y el equipamiento inmediato del Hospital Elupina Cordero no es un favor que se le pide al Gobierno, es el reclamo de una deuda social histórica que está costando vidas.
Es inaceptable que en pleno 2026, los habitantes de Sabana de la Mar sigan condenados al «peregrinaje de la muerte», teniendo que trasladarse por una serpeante carretera precaria hacia Hato Mayor o Santo Domingo para recibir atenciones que deberían estar garantizadas en su propia comunidad.
La política vs. La realidad
Mientras los discursos oficiales hablan de modernización y eficiencia, la realidad en Sabana de la Mar es una estructura a medio talle y la falta de equipos básicos.
¿De qué sirve el crecimiento económico del país si no se traduce en un quirófano funcional o en una emergencia digna para los más vulnerables?
Basta de parches: La comunidad no quiere más promesas de presupuesto; quiere ver los equipos instalados y el personal médico nombrado.
Dignidad, no caridad
El derecho a la salud es constitucional.
Obligar a una familia de escasos recursos a costear traslados privados por falta de un hospital municipal es una forma de violencia estatal.
Un llamado directo
El Presidente Luis Abinader y el Servicio Nacional de Salud (SNS) tienen ahora la pelota en su cancha.
La resolución del senador Castillo pone el foco sobre una herida abierta en la provincia Hato Mayor.
Ignorar este llamado sería confirmar que para el centro del poder, los municipios costeros solo existen en el mapa, pero no en el presupuesto.
Sabana de la Mar ha sido paciente, pero la paciencia tiene un límite cuando lo que está en juego es la vida.
El Hospital Elupina Cordero debe terminarse ya.
Sin más excusas, sin más demoras.







