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El Seibo bajo la sombra de la arbitrariedad

Fecha:

Por Manuel Antonio Vega

La detención del Padre Miguel Ángel Gullón es una afrenta a la dignidad humana

La República Dominicana despierta hoy con una noticia que no solo indigna, sino que avergüenza a cualquier Estado que se pretenda llamar democrático y de derecho.

El apresamiento del Padre
Miguel Ángel Gullón Pérez, sacerdote de la Orden de los Dominicos en El Seibo, es un acto de fuerza bruta que intenta silenciar la voz de los que no tienen voz.

No estamos ante un procedimiento legal ordinario; estamos ante un atropello flagrante.

Detener a un ciudadano —y más aún a un pastor de almas con una trayectoria intachable— sin la orden de un funcionario competente es una violación directa a los derechos fundamentales consagrados en nuestra Constitución.

Es un retorno a las prácticas oscuras donde el poder se ejerce por encima de la ley.

¿Cuál fue el «crimen» del Padre Miguel Ángel?

Su delito, a ojos de quienes ordenaron este atropello, fue el de la coherencia.

Fue arrestado mientras cumplía con su deber cristiano y humano: defender a una familia humilde de ser lanzada a la calle.

El Padre Gullón no empuñaba armas ni promovía el caos; su escudo era la solidaridad y su palabra la justicia.

Desde el año 2009, El Seibo conoce la entrega de este hombre.

No es un extraño, es un hermano que ha caminado entre las alegrías y los dolores de su pueblo.

Verlo hoy privado de su libertad por oponerse a un desalojo injusto es una señal alarmante de que, para ciertos sectores de poder, la propiedad o el interés particular valen más que la dignidad de una familia y la labor sagrada de un defensor de derechos humanos.

El silencio no es una opción. Como sociedad, no podemos permitir que la paz sea confundida con la pasividad.

Ser pacífico no significa ser cómplice de la injusticia.

La detención arbitraria del Padre Miguel Ángel es un mensaje de amedrentamiento para todo aquel que se atreva a levantar la voz contra los abusos en las provincias del interior.

Si las autoridades creen que con este arresto apagarán el clamor de justicia en El Seibo, se equivocan.

Por el contrario, han encendido una chispa de indignación que traspasa las fronteras de esa provincia.

Exigimos su libertad inmediata.

La justicia no se posterga, ni se negocia con quienes violan el debido proceso.

Nos solidarizamos con el Padre Miguel Ángel Gullón y con cada dominicano que hoy siente este golpe como propio.

Hoy, más que nunca, recordamos que la verdadera paz es hija de la justicia.

Y mientras el Padre Miguel Ángel siga detenido, la justicia en este país estará, también, tras las rejas.

¡Libertad para el Padre Miguel Ángel Gullón ya!

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