Por Manuel Antonio Vega
Alejandro Sánchez Mejía (9 de julio de 1940) es reconocido como un pilar de la comunicación y el civismo en la provincia de Hato Mayor. Su vida es un testimonio de resiliencia y polifacética dedicación al servicio público.
Orígenes y Formación
Hijo de Antonio Sánchez y de la respetada educadora Margarita Mejía, Alejandro creció en un ambiente que valoraba el conocimiento.
Su formación primaria fue itinerante, recorriendo comunidades como Las Cañas y Palma Espino, hasta culminar en instituciones de renombre regional como la Manuela Diez Jiménez (El Seibo) y la Bernardo Pichardo (Hato Mayor).
Antes de entregarse a las letras, exploró diversas disciplinas que forjaron su carácter metódico:
Contabilidad y Mecanografía: Diplomado por el Instituto Comercial Ercina Chevalier.
Servicio Público: Ejerció como Sub-Colector de Rentas Internas.
En el campo de la música, se desempeñó como músico profesional, una faceta que compartía con su rigor administrativo.
Carrera Periodística y Legado
Su debut en la prensa escrita ocurrió en 1962 con el Listín Diario. Sin embargo, su nombre quedó grabado en la historia del periodismo dominicano al convertirse en el primer corresponsal y agente del periódico vespertino Última Hora.
En 1975, decidió formalizar su pasión ingresando a la Universidad Central del Este (UCE).
Allí fue formado por la «época dorada» del periodismo crítico dominicano, recibiendo cátedras de figuras como:
Juan Bolívar Díaz, Lipe Collado,
Margarita Cordero.
»El Informador Hatero» y Resiliencia
El 9 de julio de 1976, coincidiendo con su cumpleaños número 36, fundó El Informador Hatero. Este medio no solo fue un periódico provincial, sino la voz de una comunidad que buscaba identidad y justicia social.
Lamentablemente, en 1986, su carrera sufrió un giro drástico tras un accidente automovilístico donde perdió su pierna izquierda.
A pesar de que este suceso marcó el fin de la edición impresa de su periódico, no detuvo su influencia; don Alejandro se convirtió en un referente de superación, siendo reconocido en múltiples ocasiones por el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y diversas salas capitulares por su «integridad insobornable».
Dato Adicional: En Hato Mayor se le recuerda no solo por su pluma, sino por su ética.
Es considerado un «archivo viviente» de la historia local, consultado frecuentemente por historiadores que buscan entender la evolución social de la provincia desde la era de Trujillo hasta la democracia moderna.







