Por Manuel Antonio Vega
Desde el pasado 2 de febrero la indignación colectiva que corría por los teléfonos de mano en mano., dónde un video, crudo y doloroso, se había vuelto la prueba irrefutable de una traición filial: Alcadio Sánchez, conocido en las calles como «Chulo», golpeando a quien le dio la vida, el señor Ernesto Sánchez Jiménez.
La presión del ojo público
por las imágenes se hicieron virales, el rostro de «Chulo» dejó de ser el de un vecino común para convertirse en el objetivo de una cacería humana.
La presión no solo venía de las patrullas del DICRIM, que peinaban los sectores aledaños, sino del repudio de una comunidad que no perdonó el maltrato hacia un anciano vulnerable.
Los agentes, tras una labor de inteligencia que los llevó a tocar puertas y cerrar cercos, obligaron al sospechoso a sentir que el mundo se le hacía pequeño.
Finalmente, acorralado por el peso de sus propios actos y la vigilancia policial, Sánchez decidió entregarse.
Justicia tras el video
Mientras «Chulo» era conducido a la celda, su padre, don Ernesto, iniciaba un proceso de recuperación más allá de lo físico.
Tras el incidente, las autoridades lo trasladaron de urgencia a un hospital público, donde los médicos trataron las huellas de la agresión.
La respuesta institucional fue contundente.
Bajo la orden judicial No. 2026-AJ0007874, la Policía Nacional formalizó el arresto.
Al detenido se le radicó cargos por la violación del artículo 309-2 del Código Penal Dominicano, un renglón reservado para aquellos que rompen el sagrado vínculo de la familia con violencia.
El siguiente paso
El ruido de los teclados y las voces de protesta en redes sociales ahora dan paso al silencio de los tribunales.
En las próximas horas, «Chulo» será presentado ante el Ministerio Público, donde un juez determinará la medida de coerción que deberá cumplir por haber levantado la mano contra su progenitor.







