Por Manuel Antonio Vega
Nacer un 16 de febrero de 1928 en Hato Mayor fue solo el preludio de una vida destinada al pentagrama.
Porfirio Antonio Jiménez Núñez no solo fue un músico; fue un arquitecto del sonido tropical.
Aunque la trompeta fue su primer amor, su verdadera maestría radicó en la capacidad de organizar el caos rítmico en armonías perfectas.
Inició su pasión por la música en la Escuela de Música «Armando Dalmasí», de Hato Mayor del Rey, cuando apenas conta los 12 años de edad.
El Salto a la Fama y la «Época de Oro»
Su llegada a Venezuela en 1954 no fue casualidad, sino parte de una migración de talentos que buscaban la modernidad de Caracas.
Formación de Élite: Antes de su propia orquesta, pulió su talento con los grandes.
En Venezuela, trabajó con la orquesta de Rafael Minaya, lo que le dio el fogueo necesario para entender el gusto del público local.
Innovación en la Salsa: A diferencia de otras bandas, la de Porfi se distinguía por un sonido «limpio» y arreglos de vientos muy técnicos.
No solo hacía bailar; hacía que los músicos se detuvieran a escuchar la complejidad de sus partituras.
Aunque hoy lo recordamos por merengues pegajosos, Porfi fue un defensor del jazz y el bolero, géneros que siempre «colaba» en sus presentaciones en vivo.
El Entorno Familiar: El Legado Detrás del Escenario
Porfi Jiménez fue un hombre de raíces profundas. Su vida personal fue el ancla que le permitió navegar décadas de giras y grabaciones.
Su compañera de vida: Estuvo casado con Eglee de Jiménez, quien fue su apoyo constante durante su carrera en Venezuela.
Descendencia: Dejó un legado familiar sólido con sus hijos: Humberto, Porfi Jr. y Ángel.
Curiosamente, el rigor que aplicaba en la música también lo aplicaba en la educación de sus hijos, inculcando siempre el valor del trabajo disciplinado.
Doble Nacionalidad: Aunque amaba a su natal República Dominicana, siempre se consideró un «venezolano de corazón».
Caracas fue su hogar por más de 50 años, y allí formó su hogar definitivo.
Datos Curiosos
El «Rey» de los Carnavales: Durante los años 80 y 90, no había fiesta de carnaval en Venezuela (especialmente en el interior del país) que no contara con su presencia. Era garantía de lleno total.
Su paso por EE. UU.: En los años 50, antes de establecerse definitivamente, estudió en la prestigiosa Berklee College of Music en Boston, lo que explica por qué sus arreglos tenían esa sofisticación técnica superior a la media de las orquestas populares.
Algunas de sus canciones más populares incluyen «La Negra Celina», «Se Hunde el Barco», «Dolores» y «Culu Cucú», que alcanzaron el número uno en las listas de éxitos de Colombia, República Dominicana y Venezuela.
También «Muévete Muévete» , el «Baile del Palo» , entre otras.
Murió en la Clínica El Ávila de Caracas, dejando un vacío que ninguna otra orquesta ha logrado llenar con esa mezcla exacta de técnica y sabor







