El reciente incidente en la salida de Quisqueya no es un hecho aislado de «ganado suelto», sino el síntoma de una relación tóxica y asimétrica.
El intento del Grupo CAEI de trasladar reses locales hacia corrales fuera de la jurisdicción municipal no fue un simple procedimiento legal; fue un acto de desarraigo forzoso que la comunidad, con justa razón, interpretó como una amenaza a su patrimonio.
El abuso de la distancia como castigo
¿Por qué trasladar animales a Consuelo cuando Quisqueya tiene sus propias autoridades?
La respuesta parece clara: la logística del desgaste.
Al alejar el ganado de sus dueños, se imponen barreras económicas y físicas que dificultan la recuperación de los animales.
Los ganaderos denuncian una realidad alarmante: reses que salen del municipio bajo custodia de la empresa, a menudo, no regresan.
Esto no es justicia por daños a la propiedad; se siente como una confiscación silenciosa.
Puntos críticos que CAEI debe responder:
Falta de transparencia: Si los animales causaron daños, existen mecanismos legales para el peritaje y la compensación.
El «secuestro» de animales hacia recintos privados de la empresa anula el debido proceso.
Desprecio por la autoridad local: Fue necesaria la movilización popular y la intervención policial para que la empresa aceptara algo tan básico como usar el corral de la alcaldía local.
Responsabilidad Social Corporativa: Una empresa de la magnitud de CAEI no puede prosperar de espaldas a la comunidad que la rodea.
La prosperidad del azúcar no puede construirse sobre la asfixia del pequeño ganadero.
La mediación lograda este sábado es un triunfo de la organización comunitaria sobre la prepotencia corporativa.
Sin embargo, que el acuerdo sea solo temporal deja una herida abierta.
El Grupo CAEI debe entender que ser dueño de la tierra no le otorga el derecho de ser dueño del destino económico de Quisqueya.
La ley debe proteger la propiedad privada, sí, pero esa misma ley no puede ser usada como un garrote para golpear al que tiene menos.
Es hora de que CAEI deje de actuar como un estado dentro de otro estado y empiece a respetar los límites de la comunidad que le permite operar.







