Por Manuel Antonio Vega
Hato Mayor y El Seibo no solo pierden a un comerciante; despiden a un arquitecto del trabajo duro y serio.
Don Manuel Nolasco, conocido por todos como «Mayía», falleció dejando tras de sí el eco de una vida dedicada a la persistencia, la solvencia moral y esa visión que solo poseen los hombres que saben leer el futuro en la tierra que pisan.
Fue un visionario del camino, pues mucho antes de que el concepto de «paradores» fuera una norma en las rutas del Este, Mayía tuvo el atrevimiento de la audacia.
En el kilómetro 9 de la carretera que une a Hato Mayor con El Seibo, levantó El Oasis.
No era solo un negocio; era una apuesta por el progreso en una época donde pocos se arriesgaban.
Ese espíritu emprendedor no se detuvo con los años.
Cuando el tiempo sugería el descanso, Mayía respondió con la acción: tras delegar El Oasis a su hijo Cheo, fundó Comercial Oasis en la carretera Mella.
Para él, el trabajo no era una carga, sino el motor que mantenía encendida su voluntad.
El legado en la sangre
Don Mayía entendió que la mejor herencia no son los activos, sino los valores.
Se empeñó en que sus hijos fueran hombres y mujeres de ciencia y saber, pero sobre todo, personas de honor.
La honradez como moneda de cambio.
La templanza como escudo ante la adversidad.
El altruismo silencioso del que da sin esperar, porque como bien decían quienes le conocieron: «A quien no le dio, tampoco le quitó».
Un adiós con honores
Su carácter era una mezcla poco común de serenidad y cálculo, de audacia y cariño.
Fue un hombre que no transigió con sus principios; su palabra valía más que cualquier contrato firmado.
Solo el peso inevitable de los años y la enfermedad pudieron doblegar un espíritu que, hasta el último aliento, se mantuvo firme como los cimientos de sus negocios.
Hoy, la Funeraria San Miguel de Hato Mayor del Rey recibe sus restos, pero las carreteras del Este guardarán por siempre la memoria de un hombre que enseñó a toda una región que se puede ser exitoso sin perder la humildad, y poderoso sin abandonar la decencia.
Paz a los restos de un ejemplo del Este.







