Por Manuel Antonio Vega
Providencia Santana de Morbán, conocida cariñosamente como Doña Poy, es mucho más que un recuerdo gastronómico en Hato Mayor del Rey; es un símbolo de dignidad, trabajo y coraje.
Durante más de 40 años, su voz fue la mujer que alegraba la tarde de los barrios y el consuelo de los estómagos hambrientos.
El Pregón de una Época
“Pasteles en hoja, pasteles… Hoy están más buenos que ayer. Pasteles con pi, sin pi; me voy…”.
Con este estribillo, Doña Poy recorría las calles cargando su cubeta.
Sus pasteles, elaborados con plátano «guayado», carne de res y pollo, se convirtieron en una leyenda local.
Pero detrás del aroma a hoja de plátano, había una madre decidida a educar a sus 12 hijos junto a su esposo, el billetero Bernardo Morbán (Ningo).
Trabajo y Dignidad
Inició su labor en enero de 1972. Antes de ser la pastelera oficial del pueblo, lavó ropa, planchó, vendió víveres y crió cerdos.
Para ella, el trabajo no tenía género ni descanso. Sus pies se endurecieron tras cuatro décadas de caminatas interminables por calles. callejones y avenidas, abasteciendo a negocios y hogares que buscaban el sazón auténtico de sus manos.
Una Guerrera entre Bombas Lacrimógenas
La vida de Doña Poy estuvo marcada por el contexto de los 12 años de Joaquín Balaguer.
Mientras ella pregonaba, las calles del Liceo César Nicolás Penson se llenaban de humo por las bombas lacrimógenas y las protestas estudiantiles.
Aliada silenciosa: Doña Poy fue protectora de la juventud revolucionaria que luchaba contra la opresión.
Solidaridad en tiempos oscuros: Vivió de cerca el dolor de su pueblo con los asesinatos de Juan Vilorio y los hermanos Malé y Serafín Santana.
El hogar como trinchera: Sus propios hijos estaban ligados a los movimientos de lucha, y ella, con la misma firmeza con la que amarraba un pastel, vigilaba y colaboraba con la causa de la libertad.
Un Legado Incalculable
Doña Poy no amasó grandes fortunas, pero dejó una herencia más valiosa: doce hijos educados y un ejemplo ético para la juventud actual.
En un mundo donde muchos buscan el camino fácil, su vida recuerda que el trabajo serio es la herramienta más poderosa para transformar la realidad.
Como periodista y escritor, pocas veces se encuentra uno con seres de tal estatura humana. Doña Poy fue poseedora de una sabiduría ancestral, esa que entiende que la cocina también puede ser un acto de amor, de resistencia y de fe.
¿Quienes conocieron esta columna de humildad en Hato Mayor del Rey?







