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La Restauracion en el Este (3 de 5)

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Hato Mayor: El Yunque donde se Forjó la Libertad del Este

Por Manuel Antonio Vega

Históricamente, la narrativa de la Guerra de la Restauración (1863-1865) ha centrado su mirada en el Cibao y la Línea Noroeste. Sin embargo, hacer justicia a la memoria histórica dominicana exige volver la vista hacia el Este, específicamente hacia Hato Mayor del Rey.

En 1864, esta tierra no fue solo un escenario secundario, sino el epicentro de una resistencia feroz que doblegó el orgullo de uno de los ejércitos más experimentados del mundo: las huestes de la España Isabelina.

La epopeya librada en los campos de Hato Mayor es el testimonio de un pueblo que, con más voluntad que recursos, transformó su geografía en una trampa mortal para el invasor.

La Vulnerabilidad del Imperio, quedó evidenciada en Sabana Burro, de Yerba Buena, dónde La Batalla de Sabana Burro, iniciada el 4 de mayo de 1864, marcó un punto de inflexión psicológico.

Allí, el General Genaro Díaz demostró una ética de guerra superior; mientras las fuerzas de Santana robaban ganado, Díaz implementó un sistema de «préstamos» y promesas de pago que le ganó la adhesión incondicional del campesinado.

El genio táctico criollo brilló al utilizar el terreno, pues al no poder enfrentar la artillería española a campo abierto, los restauradores ejecutaron una celada suicida hacia el noroeste, cruzando el Higuamo para atraer a los españoles al bosque espeso.

Entre árboles prehachados que caían sobre las columnas ibéricas y ataques sorpresa desde el follaje, el General Antonio Sosa y Díaz se vio obligado a una retirada humillante, abandonando incluso un cañón de ocho pulgadas, pieza que se convirtió en un trofeo de guerra y símbolo de la capacidad de fuego recuperada por los patriotas.

El Honor y la Hiel: San Felipe de Nicolás

Si Sabana Burro fue la prueba de vulnerabilidad, la Batalla de San Felipe de Nicolás (26 de junio de 1864) fue la confirmación de la indomabilidad dominicana.

El Brigadier Baldomero de Las Callejas, sustituto de Santana y favorito de la Reina Isabel II, probó allí la hiel de la derrota ante los «mambíes».

Es imperativo resaltar el papel de la mujer en esta gesta. La figura de la Coronela Laureana Vásquez emerge como un pilar fundamental.

Su llegada al atardecer con refuerzos de Los Dos Ríos para asistir a su esposo, Antón Guzmán, fue el golpe de gracia que puso a los españoles en estampida hacia El Mamón.

Esta batalla no solo dejó un «Cementerio de Españoles» como cicatriz en la tierra, sino que consolidó la «Cruz del Perdón», un símbolo de clemencia donde los anexionistas arrepentidos podían salvar la vida, fomentando la deserción en las filas enemigas y la repoblación de la zona.

Resistencia en Mata Palacio
Incluso cuando los partes, los informes militares españoles intentaban disfrazar sus fracasos como «dispersión de rebeldes», la realidad en Mata Palacio (mayo de 1864) dictaba otra sentencia.

La ferocidad del combate fue tal que las fuerzas españolas quedaron confinadas a su cantón en el pueblo, temerosas de volver a salir.

El costo político para España fue altísimo: el relevo de mandos tan prominentes como el propio Pedro Santana.

Un Legado de Plomo y Honor

Todavía en décadas recientes, los suelos de Hato Mayor seguían «sudando» los restos de esta guerra; cubetadas de balas recogidas entre el Liceo y Sabana Burro son el eco de un pasado que se niega a ser olvidado.

Figuras y combatientes

Genaro Díaz (Yerba Buena, Hato Mayor, perteneció a la Capitanía General de Santo Domingo; fue un militar dominicano que participó en la contienda de la Independencia Nacional, luchando en las batallas de Azua (19 de marzo de 1844), la Estrelleta (17 de septiembre de 1845), de El Número (30 de marzo de 1849) y Santomé librada (22 de diciembre de 1855).
Fue una figura clave en las Batallas de Sabana Burro, y San Nicolás en Yerba Buena de Hato Mayor del Rey, donde peleó hasta con sables contra el Invasor y sus aliados nacionales.

Soy de opinión que el Estado Dominicano debe valorar.seriamente el papel desempeñado por Genaro Díaz en varias batallas y emitir un billete especial
para honrar la memoria de un hombre como Generó Díaz, que particpó exitosamente en cinco batallas memora les, incluyendo la Independencia Nacional y La Restauración, para separnos de Haití y de España, posteriormente.

No se puede soslayar, pasar por alto, esquivar o eludir el papel protagónico de un hombre que después de muerto, ni el estado ha querido reconocer su protagonismo ancestral de lucha.

Hato Mayor del Rey no fue un simple espectador; fue el bastión donde el hombre de campo, la mujer valiente y el estratega natural se unieron para demostrar que no hay imperio, por más laureado que sea, capaz de someter a un pueblo que ha decidido ser libre.

Reconocer estas batallas no es solo un ejercicio de historia local, es un acto de soberanía nacional.

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