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¿Guerra corta o guerra prolongada?

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POR FARID KURY

Estados Unidos quiere acabar la guerra con Irán rápido. No quiere una guerra prolongada. El costo económico y humano sería insostenible.

Un conflicto largo generará muchos disgustos y protestas en América.
El costo político para Trump será demoledor.

Por eso, quiso golpear fuerte al principio, pensando que eso obligaría a Irán a arrodillarse y a negociar una rendición.

Se le olvidó que los persas no se impacientan fácil, no se desesperan, saben esperar, resistir y negociar. Tienen ese comportamiento como doctrina. Es parte de su psiquis, carácter, identidad y cultura milenaria.

Irán no es Venezuela, ni Gaza ni Siria.
Irán es una potencia militar, y no lo es más debido a todas las sanciones económicas que desde décadas vienen enfrentando.

Irán lleva una semana aguantando bombardeos de EEUU e Israel. Centenares de objetivos económicos y militares han sido alcanzados y golpeados, y el líder Supremo, Alí Jamenei, ha sido asesinado.

Pero Teherán sigue lanzando misiles y drones a Israel y contra bases estadounidenses en nueve países del Golfo.

Irán está preparada para resistir un conflicto prolongado. En eso se basa su doctrina militar y a eso apuestan.

Por eso administran el lanzamiento de sus misiles. Saben que un conflicto prolongado perjudicaría la economía norteamericana y golpearía drásticamente la imagen política de Donald Trump.

La doctrina iraní se basa en la llamada «defensa en mosaico descentralizada». Lleva dos décadas en desarrollo. Mando disperso, lanzaderas móviles, instalaciones subterráneas, capacidad de represalia, que no depende de un solo centro ni de un solo líder.

El régimen no pretende ganar en choque convencional de dos ejércitos enfrentándose. Esa es la guerra tradicional y no se trata de eso.

Irán pretende aguantar hasta que el conflicto se vuelva insostenible en lo político y ruinoso en lo económico para Washington.

Trump quiere terminar pronto. Sabe que las elecciones de noviembre de medio termino están al doblar de la esquina y quisiera para esa fecha tener una victoria.

En la actualidad tres de cada cuatro norteamericanos rechazan la guerra, y ese rechazo será mayor en la medida que empiecen a llegar en cantidades importantes los muertos.

El estrecho de Ormuz es clave para hacer que el conflicto se vuelva insostenible políticamente y ruinoso económicamente. Veamos.

El tráfico de barcos petroleros por el estrecho ha caído a prácticamente cero. Las aseguradoras han retirado la cobertura de riesgo de guerra.

El Brent ha subido más de un 10% y los analistas manejan escenarios de 100 o 150 dólares el barril si la guerra se prolonga, lo que perjudicaría la economía mundial y todo el mundo empezaría a pedir el fin de la guerra. De hecho, ya lo estamos viendo.

Qatar ha paralizado su producción de gas natural licuado. Los fletes parados de supertanqueros han batido récords históricos. Europa depende de ese estrecho para el 14% de su gas y el 30% de su combustible de aviación.

Otra cosa: Irán está golpeando las bases militares norteamericanas en la región y si esto se prolonga atacará instalaciones petroleras de esos países, como la propia Arabia Saudita, Irak, Kuwait, los Emiratos, Dubái y Bahrein, lo que disminuirá la producción y elevará los precios. Esos países no tendrán de otra que sumarse a pedir el fin de la guerra.

Incluso, funcionarios del Pentágono cuestionan la sostenibilidad de las municiones. La cantidad de bombas y misiles no es infinita ni se producen de un día para otro. Estados Unidos ha estado usando su arsenal en Ucrania, y para los analistas militares se verían obligados a descuidar a Ucrania en la eventualidad de un conflicto prolongado en Irán.

Si el objetivo real es el cambio de régimen, hará falta una invasión terrestre en un país de 85 millones de habitantes y 1,6 millones de kilómetros cuadrados de montaña. Un escenario que multiplica todo lo que salió mal en Irak, con un factor añadido: el control sobre la arteria energética del planeta, que es el estrecho de Ormuz.

Washington apuesta a que el régimen caerá pronto, pero eso no está a la vista. Irán apuesta a resistir y prolongar la guerra. Y hacerla insostenible para Washington.

Rusia y China no han declarado sus apoyos públicos a Irán, pero se sabe que ambas potencias están ayudando y colaborando con Irán. A Rusia, especialmente, le conviene la prolongación del conflicto. Obligará a EU a descuidarse de Ucrania. En términos de prioridades Irán sustituirá a Ucrania y eso beneficia a Rusia. A China no le conviene una caída del aliado régimen.

Hasta ahora la historia de Oriente Medio, y en particular de Irán, aporta motivos para pensar que resistirá y podrá prolongar el conflicto. Trump habló de tres a cuatro semanas para una rendición incondicional. Está soñando. Así pensaron en Irak y Afganistán, y ya sabemos la historia. Irak se volvió un caos y en Afganistán duraron veinte años, y al final salieron corriendo.

Ahora bién, si Trump quiere terminar el conflicto pronto tiene una opción: lanzar bombas nucleares y borrar a Irán. De Otra manera Irán no se rinde. De Trump no se puede dudar nada. El estado mental de Hitler le costó al mundo 50 millones de muertos, y Trump ha dado muestras suficientes para pensar que no está bien del caco.

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