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Chinán: El loco que dirigía el tránsito en Hato Mayor del Rey

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Por Manuel Antonio Vega

Sostengo que metro a metro Hato Mayor está lleno de figuras folklóricas, que en el ayer, y en la actualidad son puntos llamativos del caminar histórico de la ciudad.

En el corazón del siglo XX, cuando Hato Mayor del Rey aún conservaba el aire pausado de los pueblos que crecen entre leyendas, caminar por sus calles era encontrarse, inevitablemente, con una figura descalza y de pantalones «calimochos».

No era un indigente común, ni un borracho del montón; era Chinán, el dueño de las esquinas y el orador de lo incoherente.

El Perfil de un Personaje Icónico

Chinán no necesitaba zapatos para reclamar su territorio. Con el pantalón arrollado hasta las rodillas y un paso firme que denotaba una autoridad imaginaria, recorría la ciudad como quien supervisa un imperio.

Aunque se le etiqueta en el recuerdo como el «loco del pueblo», Chinán era más bien un enajenado pintoresco cuya vida era una actuación diaria.

Su comunicación era selectiva: solo hablaba para pedir o para enamorar a las féminas que cruzaban su camino.

Sin embargo, su carácter era un arma de doble filo. Si la moneda o el bocado no llegaban tras su petición, el aire se llenaba de insultos virulentos.

Chinán no aceptaba el rechazo, y su saña verbal era tan famosa como su presencia.

Las Facetas de su «Autoridad»

La memoria popular de Hato Mayor conserva tres escenarios principales donde Chinán se convertía en leyenda:
El Director de Tránsito: En las esquinas más concurridas, Chinán asumía el mando. Con gestos exagerados y silbidos que cortaban el viento, «dirigía» el paso de los escasos vehículos y de las carretas de basura, como la del célebre «Saco Largo».

Los conductores, entre risas y un extraño respeto, seguían sus indicaciones, integrándolo en el orden (o desorden) vial de la época.

El Orador del Parque Mercedes de la Rocha: Bajo la sombra de los árboles del parque central, Chinán se transformaba en político.

Pronunciaba discursos maratónicos con palabras inventadas y frases sin sentido, pero con una entonación tan perfecta que imitaba a los grandes caudillos de la era.

Los jóvenes se arremolinaban a su alrededor, no para entenderlo, sino para disfrutar del espectáculo de su oratoria rítmica.

El Galán del Mercado: Su relación con las marchantas y vendedoras del Mercado Municipal era una mezcla de amistad y picardía.

A ellas les dedicaba piropos que oscilaban entre lo tosco y lo extravagante, siendo una figura aceptada y, a su manera, querida en el bullicio comercial.

Un patrimonio oral y vivo

Hoy, Chinán es mucho más que un recuerdo; es parte del patrimonio cultural oral de Hato Mayor.

Su nombre surge en las conversaciones de los nativos para evocar una era donde la ciudad era un pañuelo y sus personajes eran los hilos que lo tejían.

«Chinán representa esa figura del ‘personaje pintoresco’ que, lejos de ser marginado, fue integrado en la vida social, convirtiéndose en un símbolo de la identidad de Hato Mayor antes de la modernidad.»

Al igual que las Marimantas en el carnaval o el eco de los Atabales, la figura de Chinán camina todavía, descalza y eterna, por la memoria colectiva de un pueblo que se niega a olvidar a sus locos más cuerdos.

¿Quiénes conocieron al loco de los pantalones «Arrollao»?

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