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Yeyé Vásquez, fundador del Sindicato de Carros y el Club de Choferes de Hato Mayor

Fecha:

Por Manuel Antonio Vega

En las calles de Hato Mayor, cuando el polvo del camino se mezclaba con el rugido de los primeros motores que conectaban al Este con la capital, surgió una figura que hizo de la prudencia una ley y de la familia un templo.

Armenio Vásquez Peguero, a quien todos llamaban con afecto “Yeyé”, no solo conducía autobuses; transportaba la dignidad de un pueblo sobre cuatro ruedas.

Un destino forjado entre rumbos y responsabilidades

Nacido el 22 de septiembre de 1916, justo cuando el país sentía el rigor de la intervención norteamericana, Yeyé creció bajo la mirada severa y justa de su padre, Jesús María Vásquez, comisario de la localidad.

Siendo el primogénito de seis hermanos, aprendió temprano que el liderazgo no se impone, se ejerce con el ejemplo.

Su juventud no fue de ocios, sino de volantes y rutas. Se convirtió en el pionero del transporte colectivo, uniendo los puntos vitales de Hato Mayor, San Pedro de Macorís y Santo Domingo.

En una era donde las carreteras eran desafíos y el oficio de chofer era sinónimo de rudeza, Yeyé introdujo la cortesía.

Era un hombre de manejo cauto, que entendía que cada pasajero era una vida sagrada, no una carga mecánica.

El arquitecto de una hermandad sin etiquetas

Si algo definió la existencia de Yeyé Vásquez fue su concepto revolucionario de la paternidad. En un tiempo de prejuicios y «apellidos de cuna», él rompió el molde:

Procreó 23 hijos en cuatro núcleos familiares. Abolió la distinción: Para él no existían «hijos de la calle».

Su dogma era la igualdad: «Todos los hijos son iguales», repetía con la firmeza de un profeta.

Logró lo que pocos logran en familias tan extensas: un bloque monolítico de hermandad.

Hoy, esa siembra dio frutos dorados. Su descendencia es un mosaico de profesionales —médicos, abogados, sacerdotes, artistas y periodistas— que caminan por la vida con la frente tan alta como la llevaba su padre.

«Su mayor triunfo moral no fue la cantidad de hijos, sino la calidad de hombres y mujeres que entregó a la sociedad, libres de tachas y conductas innobles.»

El Sindicato y el Sueño de la Cooperativa

Yeyé no solo miraba por su casa. Su visión era colectiva. Fue pieza clave en la fundación del Club de Choferes de Hato Mayor, convirtiéndose en un titán del movimiento sindical en la región Este.

A diferencia de otros líderes, su lucha era pura: sin banderías políticas. Su única bandera era el bienestar del trabajador.

Incluso en sus últimos días, un sueño le rondaba la frente (aquella frente que siempre dejaba al descubierto al inclinar su sombrero hacia atrás): la creación de la primera cooperativa de ahorros de su pueblo.

Aunque el tiempo no le alcanzó para ver el edificio en pie, dejó la semilla de la economía solidaria sembrada en sus compañeros.

El gesto de la transparencia

Quienes lo recuerdan, evocan una imagen icónica: Yeyé al volante o caminando por el parque, con su sombrero ligeramente inclinado hacia la nuca.

No era vanidad; era un símbolo. Dejar la frente al descubierto era su forma de decir que no tenía nada que ocultar, que su vida era un libro abierto de honestidad y servicio.

Su solidaridad era silenciosa pero constante. No era extraño saber que Yeyé sostenía económicamente a vecinos en desgracia, asumiendo las penas ajenas como propias.

Un adiós que es permanencia
A los 76 años, Armenio Vásquez Peguero cerró su último trayecto en la misma tierra que lo vio nacer.

Se fue el hombre, pero quedó el patrimonio inmaterial de Hato Mayor.

Hoy, cuando un chofer conduce con prudencia, cuando un hermano abraza a otro sin importar el vientre de procedencia, o cuando alguien sirve al prójimo sin esperar nada a cambio, el sombrero de Yeyé vuelve a inclinarse hacia atrás, recordándonos que la verdadera grandeza reside en la sencillez y la integridad.

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