VISIÓN PROPIA/RICARDO VEGA
El papa León XIV se confiesa ante la IA
Tomó partido claramente. A fondo, sobre temas que tensan el escenario político mundial. La primera encíclica Magnifica humanitas de León XIV fue una declaración de resistencia ante el imparable avance de la inteligencia artificial (IA).
El documento reveló el profundo perfil político del papa estadounidense, cuyo pontificado, iniciado hace poco más de un año, ha ido cobrando protagonismo en la conversación pública, especialmente tras el enfrentamiento abierto con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en cuestiones como la inmigración y la guerra contra Irán.
Escrita con el objetivo evidente de actuar como la Rerum Novarum publicada hace 135 años por León XIII, en respuesta al cambio de época que supuso la revolución industrial, Magnifica humanitas parte de la premisa de que la tecnología no es una «fuerza antagónica respecto a la persona». Sin embargo, sostiene, «no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza».
León XIV insiste en la necesidad de que los conocimientos y las tecnologías no se concentren en manos de unos pocos, alimentando la brecha entre los incluidos y los excluidos de la revolución digital.
Este tecno avance debe garantizar a todos un acceso equitativo a las oportunidades, proteger a los más frágiles, combatir el odio y la desinformación, someter a control público el uso de los datos y las tecnologías.
Propone «desarmar la IA» para sustraerla de la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva. Y así romper la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar; para sustraerla de los monopolios e impedir que domine al ser humano.
Esta tarea es más ética que técnica y ecológica porque la IA «ya es el entorno en el que estamos inmersos y el poder con el que debemos contar».
Para el líder católico la IA genera nuevas formas de esclavitud, como la de los «cuerpos marcados, mutilados, consumidos» de quienes trabajan en la extracción de las «tierras raras» necesarias para la tecnología.
Con este discurso la iglesia católica renueva su condena contra toda forma de esclavitud, trata y mercantilización de personas. De hecho, no reaccionar o tolerar estas «violaciones de la dignidad humana» significa, de hecho, «hacerse cómplice».
Lo cierto es que en la base de todo esta revolución digital subyace una cultura de poder que normaliza, rehabilita y utiliza la misma como instrumento político global. Que incluso favorece el rearme y la comercialización armamentista a gran escala.
31/5/2026






