Teje la basura para no dejarse vencer por el tiempo, por lo que a sus 67 años transforma zunchos plásticos en escobas eternas en Hato Mayor; una batalla artesanal contra la hernia y el olvido estatal
Por Manuel Antonio Vega
Hay quienes piden para comer y quienes comen para sobrevivir. Nidia Castro Tolentino pertenece a una tercera estirpe: las personas que crean y producen para mantenerse en pie en una sociedad compleja.
Con 67 años a cuestas, esta exobrera de zona franca y técnica en enfermería que nunca pudo ejercitar su profesión ha encontrado en el reciclaje su última trinchera.
Todo comenzó hace ocho meses, caminando por las calles de Hato Mayor, tropieza con tiras de polímero sintético arrojadas a la intemperie, flejes plásticos utilizados en ferreterías para empacado pesado.
Nidia los recogió, los llevó a su casa y los deshilachó.
Tras amarrarlos a un palo de madera, descubrió que su experimento no solo barría el patio más rápido, sino que prometía durar años sin deteriorarse, superando con creces a la tradicional escoba de guano.
Hoy, con una pequeña guillotina casera, Nidia procesa la materia prima que le donan ferreteros locales.
Su invento es, según sus palabras, «un cuchillo para desollinar».
Sin embargo, detrás de la ingeniosa artesana hay una realidad amarga. Casada con Néstor Julio Berroa Rivera, Nidia asumió deudas bancarias para costear los estudios universitarios de sus hijos, Héctor Manuel y Nideli Milagros.
A pesar de haberse graduado como profesores, trabas burocráticas del Estado les han impedido ingresar a las aulas.
Tras 14 años de trabajo continuo en el Parque Industrial de Zona Franca y aquejada por una hernia que requiere cirugía, Nidia solo pide lo justo: una pensión estatal que le permita costear sus medicamentos de vejez.
«Trabajé para vivir dignamente mi retiro, pero los gobiernos no han reconocido ese esfuerzo», afirma la dama, quien apela a la prensa y a medios de cobertura nacional para que su clamor sea escuchado antes de que las fuerzas se le agoten.







