Por Manuel Antonio Vega
La historia del desarrollo de un pueblo no solo se escribe con cemento y varilla, sino con la entrega de aquellos que deciden hacer del dolor ajeno su propia causa.
En Hato Mayor, el nombre de Amaury Méndez Silfa no es solo una referencia médica; es el sinónimo de la llegada de la medicina moderna y el rostro del altruismo puro.
Del Sur al Este
Nacido en las tierras calientes de Azua de Compostela, hijo de don Amaury Méndez y doña Anacaona Silfa, el destino de Amaury estaba marcado por una vocación inquebrantable.
Fue en 1977 cuando llegó a Hato Mayor, trayendo consigo no solo su maletín de doctor, sino una visión transformadora.
Junto a su entrañable colega y amigo, el Dr. Abraham Guerrero Santos, fundó la Clínica Las Mercedes.
Juntos, este binomio de batas blancas sembró la semilla de la salud privada con sentido social, convirtiendo al centro de salud en un baluarte para una provincia que despertaba al progreso.
El Consultorio: Un Refugio de Humildad
Quienes lo conocieron recuerdan su consultorio no como una oficina fría, sino como un «hormiguero de gente».
Allí no había distinción de clases. El Dr. Méndez Silfa personificaba una «Montaña Moral» frente al Juramento Hipocrático:
Para el pobre: Era el médico que regalaba la muestra médica y el consejo oportuno.
Para las instituciones: Era el asesor desinteresado y el cooperador incansable.
Para la sociedad: Era el hombre de silencio prudente y respeto profundo por el derecho ajeno.
Se dice que nadie salió de su presencia con «la salud trunca». Su medicina iba más allá del fármaco; curaba con la palabra y la mesura.
La Pluma que Despertaba Conciencias
Pero Amaury no solo sanaba cuerpos; buscaba sanar el subdesarrollo de su pueblo adoptivo a través de las ideas.
Como columnista estrella del periódico Agro Este, dirigido por Manuel Antonio Vega, sus artículos eran dardos de lucidez médica.
«Llegarán articulistas que escriban bien… pero jamás llegará quien lo haga con el deseo de despertar a la gente para que salga del subdesarrollo como lo hacía Amaury», sentenció el editorial del mensuario tras su partida.
Un Adiós Inesperado
La tragedia llegó un domingo 21 de mayo de 1996. En un gesto que resumía su amor filial, Amaury se encontraba en la capital visitando a su madre.
Fue allí, en la paz del sueño, donde un ataque fulminante al corazón detuvo el reloj de una vida dedicada a los demás.
Tenía el corazón cansado de tanto dar, o quizás, simplemente, ya había cumplido su cuota de bondad en la tierra.
Dejó atrás a su esposa, la licenciada Casilda Albuerme, y a sus dos hijos, Amy y Jonathan, pero también dejó una estela de dolor tangible que se manifestó en las calles de Hato Mayor durante sus honras fúnebres.
Un Legado Imborrable
Hato Mayor ha visto pasar excelentes especialistas y médicos preparados, pero la figura de Méndez Silfa permanece en un pedestal solitario. No por sus títulos, sino por su humanitarismo.
Su vida fue la prueba de que se puede ser un científico de la salud sin perder la ternura del alma.
Hoy, la Clínica Las Mercedes y las páginas amarillentas de Agro Este guardan el eco de un hombre que no vino a servirse, sino a servir, y que al morir, se convirtió en parte del ADN solidario de la provincia que lo adoptó como a uno de sus hijos más ilustre.







