Por Manuel Antonio Vega
Hato Mayor del Rey, pueblo de gente trabajadora y de rica cultura, vive momentos de profunda sombra.
Desde hace más de tres años, una implacable cadena de muertes ha ido segando las vidas de sus jóvenes más valiosos, dejando un vacío y una consternación que golpean el alma de la comunidad.
Las causas son tan diversas como desgarradoras: muertes naturales repentinas, la violencia de las armas de fuego y los machetes, y la desesperación de los suicidios por ahorcamiento o envenenamiento.
A «chorro», como se dice en la calle, estos jóvenes joyas se han ido a destiempo, sumiendo al pueblo en un luto intermitente.
El Dolor por «Solo»
El más reciente golpe ha sido la partida de Edwin Peña Percival, cariñosamente conocido por todos como «Solo».
Edwin era un joven jovial y bonachón, una figura ampliamente querida en todo Hato Mayor del Rey, un ciudadano cuyo positivismo irradiaba y viraba la vida familiar y del pueblo.
La tragedia lo alcanzó a pocos días de una intervención, tras ser operado de apendicitis hacía apenas quince días.
«Solo» sintió un malestar que lo llevó de vuelta al hospital Leopoldo Martínez. Allí, los médicos libraron una dura batalla por su vida, pero un infarto fulminante terminó por quebrar su existencia.
El dolor se siente a cada amanecer. «No bien los rayos del astro sol coloca sus rayos en el pueblo, nos enteramos de otra víctima.»
Edwin no era un hombre cualquiera, rra una figura activa, dirigente del Partido Revolucionario Moderno (PRM) y miembro apreciado del personal administrativo del Liceo en Artes César Nicolás Penson, donde su ausencia ya se siente profundamente.
La muerte de «Solo» ha causado una gran consternación, el pueblo de Hato Mayor del Rey lamenta no solo la pérdida de un joven valioso y querido, sino que vuelve a enfrentarse a esta inexplicable y persistente «cadena de muerte» que arrebata a su futuro.
Es un pueblo que se levanta día a día con la esperanza de que el próximo amanecer no traiga consigo otra noticia luctuosa.







