Por Manuel Antonio Vega
Hato Mayor del Rey, una urbe con profundas raíces históricas que datan de 1520, cuyo nombre evoca la vastedad de su pasado ganadero, se enfrenta hoy a una paradoja moderna: el caos vehicular mayúsculo que estrangula su cotidianidad.
Lo que una vez fue un extenso paraje para el pastoreo, es ahora un centro urbano de más de 100 mil habitantes, donde la ausencia de reglas claras, la desidia institucional y la anomia ciudadana han convertido las calles en una jungla motorizada.
El problema que aqueja a Hato Mayor no es meramente un cúmulo de vehículos; es un reflejo de la desprogramación social alimentada por la ineficacia en la implementación de políticas públicas y una preocupante falta de educación vial.
La plaga motorizada y la anarquía en las Calles
Es imposible abordar el desorden sin señalar a los motoristas, tristemente percibidos por muchos como una «plaga con licencia» para el irrespeto.
Las escenas son constantes y desesperantes:
Rebases temerarios por la derecha,
desconocimiento total de las señales de tránsito y los semáforos,
Invasión de aceras, transformando espacios peatonales en pistas de carrera con el único afán de avanzar unos metros.
Este comportamiento, más allá de la imprudencia, evidencia una quiebra de la convivencia y una profunda falta de orientación oficial.
La ausencia de señalización adecuada solo sirve para magnificar el problema, dejando a conductores y peatones a merced de la improvisación.
DIGESETT e INTRANT pasaron de guardianes del orden a recaudadores
La Ley No. 63-17 sobre Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial, define claramente los roles de las instituciones responsables, pero que nada están haciendo para adescental el tráfico vehicular.
Tampoco la ciudad dispone de semáforos inteligentes, los existentes son huecos viejos, donados a la ciudad hace más de 20 años.
Cuando no hay energía en la ciudad, nadie vé a un agente de la DIGESETT regular el desorden vial.
Es más casi nunca están, somos se le ve escondidos en las esquinas, asechando a los incautos motoconchos, que que llevan la carga más pesada con las multas a persecuciones de los agentes vial.
Quisiera verlos en los semáforos, en la avenida Palo Hincado, en la Melchor Contin Alfau, dónde el desorden imperante del transito es sin parangón.
Los políticos
Históricamente la clase política en el Ejido, como antiguamente era denominado el ganadero pueblo de Hato Mayor del Rey ha servido solo para trepar al poder y desde allí olvidarse de las promesas enarboladas, para arreglarlo todos.
Sólo asoman la cabeza cuando se acercan los procesos electorales y enarbolan nuevos «cuentos» a los incautos electores, que van inocentemente en filas indias a ejercer el votos por los infames, cobardes.
En el devenir histórico de Hato Mayor, los políticos se han convertido en protervo, en seres ñerversos y obstinado en la maldad.
Según van pasado los tiempos electoreros se convierten además en seres «tracalero», persona tramposa, estafadora de la conciencia colectiva, que depositan sus corregilionarios o seguidores.
Solo espero que un día en la mañana, el pueblo se levanté empoderado y cobre en las urnas la desidia y el olvido de los políticos del patio.
–
El tránsito es un caos en Hato Mayor
Esta ciudad, que debe su nombre por ser una vasta porción de terreno dedicado al pastoreo de animales, y
fundada hacia 1520, se ha convertido en un caos mayúsculo dado al desorden en el tráfico vehicular.
Parece como que en la ciudad de unos 101 mil habitantes. O hay reglas claras que roban el tránsito en el casco urbano.
El desorden es alimentado por la falta de imememtaciln de políticas públicas y la falta de educación ciudadana.
Los motoristas, considerado una plaga con licencia en la sociedad, irrespetan y desconocen las reglas para transitar entre los vehículos.
Rebasan por la derecha, no respetan las señales de tránsitos ni los semáforos.
Cómo si se tratara de una competencia rebasan por la derecha y suben a las aceras, solo con el propósito de avanzar.
Existe una desprogramación social, por falta de orientación oficial.
La falta de señalización es otro significativo problema que empaña el tráfico en el católico pueblo de Hato Mayor del Rey.
Ninguna institución, ni la DIGESETT,
La DIGESETT, que en la Republica Dominicana, significa Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre hace nada para orientar y educar a los knescrupulosos conductores, que andan zigzagueandonpor calles, avenida y las carreteras que acceden a la ciudad.
La DIGESETT está establecido es una dependencia de la Policía Nacional, de carácter técnico y especializado, cuyas principales responsabilidades y funciones son:
Viabilizar y Fiscalizar: Controlar y ordenar el tránsito en las vías públicas.
También fue creada para supervisar y controlar, o ejercer control y vigilancia sobre el transporte terrestre y el tránsito en general.
Ellos, también está estipulado están para hacer cumplir la Ley, así como velar por la aplicación de la Ley No. 63-17 sobre Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial, incluyendo la elaboración de actas de infracciones.
puedo asegurar que no están trabajado para salvaguardar el orden público y la seguridad vial en todo el territorio nacional.
Se ha establecido como una institución recaudadoras de impuestos, que ponen multas a diestras y siniestras, siendo afectado los más vulnerables.
Su esencia de regular la han perdido, porque la DIGESETT es la institución encargada, ahora de reprimir a los conductores, viéndose a menudos en redes sociales, escenas dda tescas, dónde los llamados a corregir se van a los puñetazos, patadas y empujones.
Estos enfrentamientos ha dejado víctimas.
Tambieny existe el INTRANT (Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre), que es el órgano rector del sistema de movilidad, pero que también hace poco o nada ante las constantes violaciones a las leyes.
En Hato Mayor, como en el resto del laís el tráfico vehicular es un caos, que amerita una urgente reingeniería, que permita ordenar, regular y hacer respetar las señales y las leyes que rigen el sistema de transporte terrestre en el país.
La Digestión tiene que dejar de ser una institución recaudadoras de impuestos y pasar a ser una reguladora del transporte.







