Crónica de una libertad tardía: El precio de la inocencia
Por Manuel Antonio Vega
El veredicto del Tribunal Colegiado de Hato Mayor finalmente pronunció la palabra que todos, desde el principio, sabían cierta: Inocente.
Sin embargo, la justicia en este país tiene un paso lento y, a veces, cruel.
Para el profesor Jochy Martínez, la verdad no llegó con el mazo del juez, sino que tuvo que sobrevivir a un año y tres meses de encierro injustificado.
La mentira que se hizo reja
Desde el primer día, la acusación olía a calumnia.
Pero en nuestro sistema judicial, parece haber una máxima no escrita: «tranque primero, investigue después».
A Jochy se le arrebató su libertad, su tiempo y su paz basándose en un relato sin sustento, en una fiscalía que a menudo prefiere el encierro mediático antes que la prueba razonable.
El costo de los «quince meses»
Se dice que tuvo «suerte» porque solo fueron 15 meses.
Es una ironía amarga. ¿Cómo se mide el daño a un hombre de educación, a un padre, a un ciudadano?
El estigma: Una vez que entras a la cárcel, la sociedad te señala, aunque salgas con la frente en alto.
El vacío familiar: Quince meses de ausencias en la mesa, de noches de angustia para los suyos.
El tiempo perdido: Un recurso que ningún tribunal, por más arrepentido que esté, podrá devolverle jamás.
¿Justicia o abuso de poder?
La pregunta queda flotando en el aire de Hato Mayor: ¿Por qué no pudo llevar su proceso en libertad?
Si no había peligro de fuga, si no había pruebas contundentes, la prisión preventiva se convirtió en un castigo previo a la sentencia.
Es un abuso que se repite en cientos de expedientes donde hombres y mujeres esperan años para que un juez les diga lo que ellos ya sabían: que no debieron estar allí.
Al final, se hizo justicia, pero llegó con las manos vacías de disculpas y llena de cicatrices.
Jochy Martínez vuelve a la calle, pero el sistema que lo encerró sigue intacto, esperando a su próxima víctima de la burocracia y la ligereza procesal.
El. ministerio Público y de Hato Mayor tiene que comenzar a viajar por la carretera del razonamiento y abandonar la persecución deshumanizante que lleva a cabo en el católico pueblo de Hato Mayor.
Dejen de pedir prisión para todos, aún sin tener pruebas que sustenten la acusación.







