Por Manuel Antonio Vega
El destino suele ser caprichoso y, en ocasiones, cruelmente puntual.
Para Jorge Luis Moreno Pinales, la medianoche del martes no trajo consigo el abrazo de un nuevo año de vida, sino el silencio definitivo en una carretera de Uvero Alto.
Jorge Luis, oriundo de San Cristóbal pero radicado en la dinámica zona turística de Verón-Punta Cana, contaba las horas para celebrar sus 36 años.
Sin embargo, la muerte se le adelantó en el cruce de Macao, pues el impacto en la oscuridad de una motocicleta donde iba de pasajero fue impactada, lo que le silenció la vida.
La motocicleta Suzuki AX-100 roja, conducida por Emmanuel Rijo, de 22 años. Junto a ellos también transitaba Duruin Branyelis Brito.
Según los informes preliminares de las autoridades, la fragilidad de la motocicleta fue sorprendida por la fuerza de un carro Suzuki gris.
El estruendo del metal contra el asfalto marcó el fin de los planes de celebración.
Mientras las sirenas del 911 rasgaban la noche para auxiliar a Emmanuel y Duruin —trasladados de urgencia al Hospital HGENSA de Higüey—, para Jorge Luis ya no había retorno.
De la alegría al desconsuelo
La tragedia cobra un matiz más amargo al observar el calendario.
Este miércoles, la casa de los Moreno Pinales debería haber estado llena de felicitaciones y brindis. En cambio, el vacío dejado por su partida a destiempo ha transformado los pasteles en coronas de flores y las risas en un llanto compartido que hoy retumba desde Verón hasta su natal San Cristóbal.
En el lugar de los hechos, el despliegue fue total: desde los paramédicos que intentaron lo imposible, hasta los agentes de la Digesett y la Policía Nacional que acordonaron la escena.
El médico legista, Polanco Guzmán, cumplió con el triste protocolo de levantar el cuerpo para su traslado a la morgue.
Las autoridades investigan la responsabilidad de la conductora del vehículo, identificada como Camila Casis, de nacionalidad argentina.
Mientras la justicia busca esclarecer las circunstancias del choque, una familia queda con el corazón roto, guardando un regalo que nunca podrá ser entregado.







