Por Manuel Antonio Vega
El sol de la mañana apenas empezaba a calentar el sector de Vista Alegre, en el distrito municipal de Navas, en Puerto Plata.
«Elías», como todos conocían al joven haitiano, caminaba por el sendero habitual, un trayecto cotidiano que ayer jueves se tornó en tragedia.
Puerto Plata, con su verdor característico, escondía en el aire un peligro invisible que se manifestaría cerca del tanque del acueducto.
No hubo advertencia, pues lo que comenzó como un zumbido lejano se transformó en segundos en una nube frenética de alas y aguijones.
Elías quedó atrapado en la ruta de un enjambre en tránsito; una coincidencia azarosa y cruel.
El aire, denso por la humedad de la zona, se llenó del sonido ensordecedor de las abejas que, en un instinto defensivo colectivo, lo cercaron sin darle tregua.
Un auxilio desesperado
Comunitarios de la zona, alertados por el ruido o quizás por los gritos de auxilio, intentaron acercarse.
La impotencia se apoderó de quienes miraban desde lejos: la furia del enjambre era tal que socorrerlo se volvió una misión casi imposible.
A pesar de los esfuerzos por rescatarlo, el cuerpo de Elías no resistió la toxicidad del ataque masivo.
Minutos después, la calma regresó al tanque del acueducto, pero fue una calma lúgubre. Elías ya no respiraba.
La llegada de la Policía Nacional y las autoridades solo sirvió para acordonar una escena marcada por la fatalidad.
Mientras el sol seguía subiendo sobre las lomas de Navas, un velo de tristeza cubrió al sector Vista Alegre, recordando a todos lo frágil que puede ser la vida frente a la fuerza indomable de la naturaleza.







