Por Manuel Antonio Vega
Hoy celebramos el Día del Periodista, una jornada que debería ser de júbilo, pero que nos encuentra en un momento de profunda reflexión sobre la ética y la supervivencia.
El periodista es, por definición, aquel llamado a buscar, redactar y analizar los hechos que marcan nuestra cotidianidad; es el puente que invita al ciudadano a la lectura, a la información en redes sociales y al análisis frente a la pantalla.
Sin embargo, detrás de la noticia hay una realidad dolorosa.
Hoy, los periodistas no solo se enfrentan al paso del tiempo, sino a la falta de condiciones dignas para una vejez segura.
Muchos mueren por enfermedades agravadas por la carencia de sueldos bien remunerados y, sobre todo, por la falta de pensiones dignas que les permitan encarar el alto costo de la vida y el acceso a medicamentos esenciales.
El periodismo está hoy día entre el deber de informar y la urgencia de sobrevivir.
Un llamado a la acción gubernamental
Es imperativo aprovechar esta fecha para elevar un clamor al presidente Luis Abinader:
Agilización de pensiones: Muchos colegas aguardan por años mientras sufren serios quebrantos de salud, sumidos en la precariedad y sin recursos para lo básico.
Aumentos sustanciales: No se puede vivir con la «migaja» que reciben muchos pensionados hoy en día.
Con los montos actuales, es imposible costear una canasta básica y, mucho menos, un tratamiento médico adecuado.
Estos hombres y mujeres dieron su vida para mantener informada a la población; el Estado tiene el deber moral de no dejarlos en el olvido.
El periodismo es el pilar de la democracia, pero ese pilar se tambalea cuando quienes lo sostienen carecen de lo mínimo para alimentarse «como manda el librito».
Urge que el Jefe de Estado disponga hoy mismo de las pensiones y los aumentos necesarios para devolver la dignidad a quienes fueron la voz de la sociedad.
Somos ¿Héroe o desamparado?
Los Vega, una familia de periodistas







