Por Manuel Antonio Vega
En el corazón de Villa Canto, el sonido de los motores y el olor a aceite son el pan de cada día para Francisco Santana Morales, mejor conocido por todos como “Negro Mofles”.
Sin embargo, la rutina de trabajo en su taller de la calle Mella se vio truncada por la audacia de la delincuencia que, a plena luz del día, no perdona ni al más conocido de los vecinos.
Una escena grabada en silencio
Todo ocurrió en cuestión de instantes.
Mientras Francisco se concentraba en sus labores habituales, afuera, frente a su propio negocio, un hombre vigilaba.
La escena, que más tarde sería revisada una y otra vez en las cintas de seguridad, muestra la frialdad del perpetrador.
No hubo forcejeos ni ruido de motor arrancando.
El hasta ahora desconocido, vestido con una gorra rosada y poloche azul, se acercó con naturalidad a la motocicleta Yamaha, color vino. Sin levantar sospechas entre los transeúntes, se montó en el vehículo y, en un acto de calculada calma, se alejó del lugar empujando la unidad con sus propios pies, perdiéndose entre el flujo de la ciudad.
El rastro del «Hombre de Caqui»
Gracias a las cámaras de vigilancia, la Policía Nacional cuenta con un perfil claro del sospechoso, pues anda con
vestimenta, gorra rosada, poloche azul, pantalón caqui y tenis blancos.
Su modus operandi fue el descuido, sin uso de llaves o encendido inmediato.
Para «Negro Mofles», la yamaha no era solo un medio de transporte, sino una herramienta de su día a día.
Visiblemente afectado, el mecánico ha hecho un llamado público a las autoridades para que el video de seguridad no sea solo un registro más, sino la prueba definitiva para capturar al responsable.
Hato Mayor despierta hoy con el sabor amargo de la inseguridad, mientras en la calle Mella, un espacio vacío frente al taller de Francisco recuerda que, para los «amigos de lo ajeno», cualquier descuido es una oportunidad.
No son fácil nlos ladrones







