Por Manuel Antonio Vega
La madrugada de este miércoles 17 de diciembre en Hato Mayor no fue silenciosa; traía consigo el peso de una despedida inminente.
Mientras el sector Villa Canto aún dormía bajo el sereno, las sirenas del 911 rompían la calma, marcando el inicio del último viaje de una mujer que enseñó a toda una provincia a leer el mundo.
Iris Chávez Santana, a sus 66 años, libraba su batalla final.
Su cuerpo, desgastado por años de quebrantos de salud, se despidió en sala de reanimación del hospital Leopoldo Martinez, pero su espíritu se quedó enraizado en las calles y aulas que la vieron crecer y servir.
Su legado quedó tallado en tiza y valores, pues Iris no fue solo una educadora; fue la arquitecta de sueños en el sector Los Polanco.
Como primera directora del Centro Educativo Matías Ramón Mella, no solo administró una escuela, sino que fundó un hogar para el conocimiento.
La hija de Villa Canto, siempre llevó con orgullo el nombre de sus padres, Pilo Chávez y Toña Santana.
Era la maestra eterna de varias generaciones de hatomayorenses aprendieron de ella que la educación no es solo llenar cuadernos, sino formar corazones.
Quienes la conocieron fuera de las aulas la describen como el pilar de su familia; una hija devota, una madre presente y esa amiga cuya empatía era un refugio seguro.
Hoy, el magisterio nacional y la comunidad de Hato Mayor visten de luto.
Aunque Iris llevaba años jubilada, el eco de su voz parece resonar todavía en los pasillos de la escuela Mella.
Sus exalumnos, hoy hombres y mujeres de bien, lloran a la guía que supo ser solidaria cuando la vida se ponía difícil.
La maestra ha partido, pero en cada rincón de Villa Canto, en cada joven que se educa en su antigua escuela y en cada corazón que tocó con su bondad, Iris Chávez Santana seguirá dictando su lección más importante: la de una vida dedicada al servicio.
Adiós vecina querida de Villa Canto.








Descansa en paz y gloria eterna para ti amiga Iris