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Fallece el plomero Chico Mota en Hato Mayor

Fecha:

Por Manuel Antonio Vega

Adiós a Chico Rafael Mota, el guardián de las aguas

El jueves transcurría como cualquier otro en la vida de Chico Rafael Mota.

Sus manos, callosas por el metal y el PVC, habían pasado el día domando fugas y conectando caudales, esa «faena» diaria que fue su sello por décadas.

Nadie imaginó que, al caer el sol, el hombre que pasó su vida asegurando que el agua fluyera por donde debe, sentiría que su propio aire comenzaba a estancarse.

​Tras finalizar su jornada, un malestar súbito lo embargó, siendo llevado al hospital Dr. Leopoldo Martínez..

En los pasillos del Hospital Leopoldo Martínez, el destino fue implacable: un edema pulmonar silencioso le cortó la respiración, apagando la voz de uno de los fontaneros más emblemáticos de la zona de la zona norte de Hato Mayor.

​Fue un hombre de orden y servicio

​Chico no era solo un plomero; era un perfeccionista del oficio.

Formó parte esencial del equipo de Robert Ramírez y Romito Corporán, donde se ganó el respeto de sus compañeros por su ética inquebrantable.

Tenía una personalidad crítica y aguda: no soportaba ver nada fuera de lugar.

Para él, una tubería mal puesta o un trabajo mal hecho eran ofensas a su sentido del orden.

​Más allá de las herramientas, su verdadera vocación era el servicio.

Chico era de esos seres que acudían al llamado no por el cobro, sino por la solución, dejando tras de sí un rastro de gratitud en cada hogar que visitaba.

​La lealtad en Villa Canto

​Si algo definía su mundo personal, era la fidelidad. Su amistad con José Flores no conocía de pausas ni de días libres.

Cada día, Chico caminaba hacia Villa Canto para compartir con José, su amigo incondicional.

Fue una hermandad que se mantuvo intacta hasta el último suspiro, demostrando que Chico cuidaba sus afectos con la misma dedicación con la que reparaba los hilos de agua de su pueblo.

​Hoy, las herramientas de Chico Rafael Mota descansan, pero en cada grifo que abre y en cada rincón de Villa Canto, queda el eco de un hombre servicial que, ante todo, amaba las cosas bien hechas.

Adiós buen amigo.

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