Por Manuel Antonio Vega
Villa Riva no es un pueblo de silencios largos. Es una tierra de hombres de sol, de campos de arroz que susurran con el viento y del rugido lejano del río Yuna.
Pero hoy, el aire en este rincón de la provincia Duarte se siente denso, cargado de una pregunta que nadie sabe responder.
Noel Alain y Sauve Canadiences Christine ya no están, y su partida ha dejado una estela de misterio que la brisa del campo no logra disipar.
La mañana de éste viernes 26 de diciembre, transcurría con la parsimonia habitual hasta que la noticia comenzó a filtrarse por las persianas y los callejones.
En el interior de una vivienda, donde se suponía que habitaba la cotidianidad de una pareja, solo se encontró la inmovilidad de la muerte.
Cuando las unidades de la Policía Nacional llegaron y extendieron la cinta amarilla —ese límite plástico entre la curiosidad y la tragedia—, el sector comprendió que no se trataba de un rumor malintencionado.
La presencia de los peritos de Criminalística y el médico legista confirmaron lo inevitable: la vida se había detenido para Noel y Christine bajo circunstancias que, hasta ahora, las autoridades guardan bajo un celoso hermetismo.
Hay algo particularmente desgarrador en la muerte de una pareja.
En Villa Riva, los vecinos intentan armar el rompecabezas de sus últimas horas.
Noel Alain, un nombre que hoy resuena con eco de lamento.
Christine, cuyo origen canadiense aportaba un matiz distinto a la comunidad, representando esa unión de culturas que a menudo busca la paz de los pueblos dominicanos para echar raíces.
¿Qué ocurrió tras las puertas cerradas?
Esa es la sombra que camina hoy por las calles de Villa Riva.
No hubo gritos reportados, no hubo señales de alerta que hicieran presagiar el desenlace.
Solo el hallazgo, el frío de los cuerpos y el inicio de una investigación que busca determinar si se trató de un hecho violento, un pacto silencioso o una falla orgánica que el destino quiso sincronizar.
A medida que el sol cae sobre los arrozales, la conmoción se transforma en una vigilia informal.
Los vecinos se agrupan en las esquinas, hablando en voz baja, como si el volumen de sus palabras pudiera perturbar el descanso de los fallecidos o entorpecer la labor de los oficiales que aún recogen evidencias.
»Eran gente tranquila», es la frase que más se repite.
En los pueblos pequeños, la tranquilidad es la moneda de cambio, y cuando se rompe de forma tan abrupta, la sensación de seguridad de todos se resquebraja.
El caso permanece bajo el rótulo de «Noticia en Desarrollo».
Los cuerpos han sido trasladados al Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF) en San Francisco de Macorís, donde el bisturí de la ley buscará las respuestas que la escena del crimen no entregó a simple vista.
Villa Riva espera el comunicado oficial, espera entender por qué Noel y Christine ya no verán el próximo amanecer y, sobre todo, espera que la justicia o la ciencia pongan nombre y motivo a esta tragedia que ha enmudecido al corazón del Yuna.







