Por Manuel Antonio Vega
La historia de Hato Mayor del Rey no se puede contar únicamente a través de sus hatos ganaderos o su fervor católico tradicional. Existe una veta profunda, a veces silenciosa pero sumamente dinámica, que comenzó a transformar el panorama espiritual de nuestra localidad hace más de cien años: la llegada del protestantismo.
El despertar de una nueva conciencia
Aunque la tradición oral nos remonta a 1914, es en 1922 cuando la documentación formal confirma la presencia de las primeras comunidades cristianas no católicas. Lo que comenzó en una esquina de las calles San Antonio y Palo Hincado no fue solo un cambio de ritos, sino una semilla de pluralismo.
Es fascinante observar cómo figuras como José Antonio Mañaná y Julio Filomeno no solo trajeron la Biblia bajo el brazo, sino también un profundo sentido de civismo. La creación de la Sociedad Esfuerzo Cristiano, que solicitaba permisos para veladas patrióticas en plena ocupación militar norteamericana, demuestra que estos «disidentes» eran, ante todo, ciudadanos comprometidos con la soberanía nacional.
Diversidad que educa y construye
A partir de los años 30 y 40, el mapa espiritual se diversificó. La llegada del Adventismo del Séptimo Día, impulsada por figuras locales como «Mon el Barbero» y la familia Calderón, no solo trajo una nueva forma de entender el descanso sabático, sino que se convirtió en una fuerza misionera que conectó a Hato Mayor con Miches, El Valle y Consuelo.
No podemos ignorar el impacto socio-educativo de estas congregaciones.
La fundación del Colegio Eben Ezer en 1941 y, décadas más tarde, el Colegio Bautista Dominicano y el Shalom, marcaron un antes y un después en la formación académica de generaciones de hatomayorenses. Estas instituciones demostraron que la fe disidente venía acompañada de un compromiso con el desarrollo intelectual de la comunidad.
De la radio a la modernidad
La transformación alcanzó su punto máximo en la década de los 80 con hitos como la conversión de Radio Maguá en Radio Renacimiento por parte del ingeniero Eliso Astacio Rondón. Este acto simbolizó la democratización de las ondas radiales para el mensaje cristiano, rompiendo el monopolio religioso y ofreciendo un espacio de consuelo y enseñanza para todas las denominaciones.
Desde los Testigos de Jehová hasta los Mormones, y desde las Asambleas de Dios hasta la Iglesia Shalom, cada grupo ha aportado una pieza al rompecabezas de nuestra identidad actual.
Hoy, al mirar hacia atrás, queda claro que la presencia protestante en Hato Mayor no ha sido un fenómeno aislado, sino un motor de cambio social, educativo y ético. Estos «disidentes» de ayer son hoy pilares fundamentales de nuestra sociedad. Conocer su historia no es solo un ejercicio de nostalgia, sino un reconocimiento a la libertad de culto y al espíritu emprendedor que define a nuestra gente.
Hato Mayor es, gracias a esta diversidad, un pueblo más rico, más tolerante y, sobre todo, más unido en su fe.







