Por Manuel Antonio Vega
En la cartografía humana de Hato Mayor del Rey, donde el tiempo parece detenerse entre el aroma del café y el verdor del Este, camina una figura que desafía las leyes de la lógica biológica y social.
José Altagracia Flores de la Rosa no es solo un hombre; es un vestigio viviente de una estirpe en peligro de extinción: la de los intelectuales forjados en el sacrificio, cuya mayor riqueza es la memoria y cuya arma más afilada es la palabra.
A pesar de las limitaciones psicomotoras que marcan su andar, José se erige como un gigante de la laboriosidad periodística.
No necesita de grandes redacciones ni de tecnología de punta para ser el «baúl de la ciudad»; le basta con su lealtad inquebrantable al periódico Listín Diario y una capacidad asombrosa para archivar en su mente las biografías, los triunfos y las penas de media provincia.
Raíces y rebeldía: El forjado de un carácter
Hijo de la unión de dos mundos —Félix Flores Mena, banilejo de cepa, e Idia María de la Rosa Payano, del histórico batey Las Pajas—, José creció bajo el rigor y la calidez de un hogar que le enseñó el valor del trabajo.
Sus primeros pasos académicos los dio en la escuela Bernardo Pichardo, consolidando su formación en el legendario liceo César Nicolás Penson.
Fue en las aulas del bachillerato donde el joven José, apodado cariñosamente por el pueblo como «José el Gambao», sintió el llamado del deber cívico.
No fue un espectador de la historia; fue un protagonista de las luchas libertarias durante los «12 años de Balaguer», una época donde pensar era un acto de valentía y militar en el movimiento estudiantil equivalía a firmar una sentencia de persecución.
Entre balas y lealtades
La vida de José Flores es un testimonio de supervivencia. Durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco (1982-1986), la intolerancia política lo puso en la mira. Junto a su compañero de mil batallas, el periodista Manuel Antonio Vega, José conoció el rostro del miedo y la solidaridad.
«Salvó el pellejo gracias a la benevolencia de los vecinos de Villa Canto, quienes abrían sus puertas y escondían su cuerpo menudo entre habitaciones oscuras para protegerlo de las balas y el asedio de las hordas políticas de turno.»
Su trayectoria política fue de una coherencia absoluta: militó décadas en el PLD hasta que el pulso de la historia lo llevó a seguir a Leonel Fernández en la fundación de la Fuerza del Pueblo, donde hoy, con la misma energía de su juventud, preside un Comité de Base.
La Academia y la Fritura: El Valor del Trabajo
Aunque la inestabilidad de la UASD en 1979 lo obligó a retornar a su tierra, José no se detuvo. Completó el pénsum de Ciencias Sociales en la Universidad Central del Este (UCE). Y aunque el título formal no llegó a sus manos, su erudición superó con creces cualquier pergamino.
Demostró su humildad y amor filial al salir de las aulas universitarias para ayudar a su madre en la fritura más famosa de Hato Mayor, aquel rincón vespertino donde los estudiantes y maestros buscaban refugio y alimento tras las clases.
Años más tarde, el destino le haría justicia profesional, laborando durante ocho años como Delegado Provincial de la SEDEFIR (hoy Ministerio de Deportes).
Un Referente del Deporte y la Comunicación
Su legado no se limita a la política o la historia; José ha sido un motor de la vida civil en su comunidad:
Baloncesto: Presidente de la Asociación Provincial (1990-1992).
Comunidad: Fundador y presidente del Club Marcelino Vega en Villa Canto.
Comunicación: Desde sus intervenciones en Atacando Radio y TV hasta su propio espacio digital «Yo Comento con José Flores», donde hoy, a través de Facebook, sigue diseccionando la realidad nacional con precisión de cirujano.
Un Llamado a la Juventud
Hoy, José Flores es un libro abierto. No hay rincón de la sociedad hatomayorense que no conozca ni tema que no aborde con profusión.
En sus artículos para Agro-Este o El Mundo, siempre ha hilvanado el pensamiento crítico con la elegancia del que sabe que la lectura es la única salida.
A sus 70 años (nacido el 15 de agosto de 1955), José lanza una proclama urgente a las nuevas generaciones: «Estudien, lean, cultiven el espíritu».
Para él, la lectura no es un pasatiempo, sino el escudo necesario para no sucumbir ante los vicios y la delincuencia que asedian la sociedad actual.
José Flores es, en esencia, el espejo donde Hato Mayor debería mirarse: un hombre que, a pesar de las zancadillas de la salud y la política, nunca dejó que su mente dejara de caminar a paso firme hacia la verdad.







