Por Manuel Antonio Vega
El Origen de una tradición que se remonta a la Época Colonial.
La historia cuenta que la devoción no nació con los grandes muros modernos, sino con una pequeña imagen traída desde España a principios del siglo XVI por los hermanos
Alonso y Antonio de Trejo, que viajaban por ruta vieja que incluía a Hoyoncito, en Hato Mayor del Rey .
Según la leyenda, un padre buscó incansablemente el retrato de «La Altagracia» para su hija, encontrándolo milagrosamente mientras acampaba en casa de unos amigos en la comunidad de Hoyoncito, cuando regresaba de Santo Domingo dónde había viajado a vender un ganado y frutos de hacienda.
El padre quería complacer a su hija más pequeña, que mientras las otras dos hermanas pedían alajas, zapatos y vestidos caros, la infante pedía a su padre que le llevará como regalo divino un cuadro o imagen de la Virgen María.
Desde entonces, el 21 de enero —fecha que conmemora la victoria de los cristianos sobre los franceses en la Batalla de la Limonade en 1691— se convirtió en el día sagrado donde lo político, lo social y lo espiritual se encuentran.
El Amanecer de los Devotos
Como bien mencionan las crónicas de este miércoles, la celebración no comienza con la misa oficial.
Empieza días antes, en los pasos cansados de quienes recorren kilómetros a pie desde Santo Domingo o el Cibao y pueblos del Este.
Los Amanecidos
En los alrededores de los jardines de la Basílica, es común ver a familias enteras que han dormido a la intemperie.
Para ellos, la «incomodidad» es un sacrificio pequeño comparado con la bendición de estar cerca de la «Madre Protectora».
Las Ofrendas: No faltan quienes llegan con velones, flores e incluso regalos simbólicos por milagros de salud o bienestar familiar.
Es un intercambio de gratitud que define la identidad del pueblo dominicano.
Mientras en el interior del templo los funcionarios del Gobierno y líderes políticos ocupan sus asientos para la misa solemne, afuera la vida bulle.
La transmisión especial de Radio Cayacoa 105.1 FM, con su programa “Caminando con Jesús junto a la Virgen de la Altagracia”, sirve de banda sonora para quienes no logran entrar al recinto pero viven la liturgia desde los alrededores.
La seguridad es una pieza clave en este rompecabezas de multitudes.
Los agentes de POLITUR se mezclan entre los turistas curiosos y los devotos locales, vigilando que el orden permita que la única preocupación del visitante sea su oración.
Un Símbolo de Identidad
La Basílica, inaugurada en 1971 para reemplazar el antiguo santuario colonial, hoy se erige no solo como un monumento arquitectónico con su arco de 69 metros de altura, sino como el corazón espiritual de la República Dominicana.
Cada plegaria elevada este día refuerza una identidad que ha sobrevivido siglos: la de un pueblo que, ante la adversidad, siempre vuelve la mirada hacia Higüey.







