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La Policía truena contra «Pikachú» en La Guáyiga

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Por Manuel Antonio Vega

​La noche de ayer lunes en La Guáyiga solía tener el silencio tenso de los municipios que bordean la autopista, pero para Yunior Vargas Samboy, de 31 años, el silencio se rompió definitivamente bajo el destello de las sirenas.

No era un desconocido para la justicia; en las calles de Cristo Rey y en los archivos policiales, su nombre ya venía subrayado con un alias que contrastaba con la violencia de sus actos: «Pikachú».

​Todo comenzó con el avistamiento de un Daihatsu Mira gris. En su interior, tres hombres intentaban pasar desapercibidos bajo el amparo de la prevención policial que patrullaba la zona.

Sin embargo, el «perfil sospechoso» —ese instinto que los agentes desarrollan en el terreno— marcó el destino del vehículo.

​Cuando la patrulla ordenó el alto para una verificación de rutina, el aire se cargó de pólvora.

Vargas Samboy no estaba dispuesto a entregarse, pues de acuerdo al informe, empuñó una pistola Glock 9mm y abrió fuego, transformando un operativo preventivo en un campo de batalla urbano.

La respuesta de los agentes fue inmediata: un intercambio de disparos que dejó a «Pikachú» herido de gravedad sobre el asfalto.

​Mientras Vargas Samboy era trasladado de urgencia al Hospital Dr. Vinicio Calventi, donde finalmente expiraría, los investigadores revisaban el vehículo.

Lo hallado dentro del Daihatsu hablaba por sí solo:
​Un chaleco antibalas: La armadura de quien sabe que vive en guerra.

​Un pasamontañas: La herramienta de quien prefiere la sombra para actuar.

​La Glock: El arma que, según las denuncias, ya tenía historia.

​Y es que el historial de «Pikachú» no era una suposición, ya quen apenas comenzando el año, el 1 de enero de 2026, una cámara de vigilancia lo captó disparando contra un ciudadano, una prueba gráfica que ya lo tenía en la mira del Ministerio Público.

​En la escena del enfrentamiento, la Policía Científica apenas pudo recolectar dos casquillos. Muy poco rastro físico para una vida que terminó de forma estrepitosa.

Mientras tanto, los dos acompañantes de Vargas Samboy, hombres de 30 y 33 años, quedaron bajo custodia, enfrentando el peso de una investigación que busca desenterrar el resto de los delitos vinculados a este grupo.

​El sector de La Guáyiga volvió a su calma habitual, pero con la noticia de que uno de los nombres más buscados de Cristo Rey ya no volverá a disparar.

El operativo que empezó como una prevención terminó como el punto final para un hombre que, según las autoridades, eligió vivir y morir por las armas.

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