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​La profecía de Marcelino Vega: «Seré más grande después de mi Muerte»

Fecha:

Por Manuel Antonio Vega

​La historia del periodismo dominicano está escrita con tinta, pero también con la sangre de aquellos que entendieron que la verdad no es una mercancía, sino un sacrificio.

Al cumplirse un nuevo aniversario de aquel fatídico 7 de abril de 1981, la figura de Marcelino Antonio Vega Peguero emerge no solo como el recuerdo de un reportero audaz, sino como la consumación de una profecía que él mismo dictó desde su niñez: su grandeza llegaría después de la vida.

​Un Periodismo de «Lugar de los Hechos»
Marcelino no era un periodista de escritorio. Su pluma en el desaparecido diario La Noticia y su voz en las ondas radiales se alimentaban del polvo de las calles y del contacto directo con las carencias del pueblo.

Fue un defensor incansable de su natal Hato Mayor, denunciando con valentía los males que agobiaban a su provincia.
​Su estilo no buscaba el adorno literario vacío, sino la precisión quirúrgica.

Esa misma precisión fue la que lo llevó a investigar uno de los casos de corrupción más espinosos de la época: el escándalo de los veinte millones en pupitres importados desde España, una operación que no solo sangraba las divisas del país, sino que ignoraba la calidad de la industria nacional.

​El precio de la verdad

​La labor crítica de Marcelino Vega resultó ser una amenaza directa para las estructuras de poder del gobierno de Antonio Guzmán. Su asesinato, junto al canillista Ciprián Valdez, no fue un error del azar; fue un intento desesperado por silenciar las pruebas documentales que vinculaban a altas figuras del régimen y de la Secretaría de Educación en actos de corrupción.

​»Vaticinaba que grande sería después de morir».

Esta frase, que parecía una quimera infantil, se transformó en una realidad lapidaria.

​Al intentar apagar su voz, el régimen de aquel entonces solo logró amplificarla.

La muerte no lo borró; lo transmutó en el decoroso mártir de la prensa y de la juventud dominicana.

Su caída frente a las balas lo elevó a un sitial donde la justicia ordinaria no pudo llegar, pero donde la memoria colectiva lo mantiene vivo.

​Legado y vigencia

​Hoy, el nombre de Marcelino Vega adorna el principal movimiento periodístico del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), colegios y calles con su nombre, pero su legado debe ir más allá de un rótulo.

Su vida nos recuerda que:
​La ética periodística no se negocia bajo presión política.

​El compromiso con la provincia y la comunidad es la base del periodismo social.

​La corrupción se combate con datos, pruebas y la valentía de publicarlos.

​A más de cuatro décadas de su partida, la «profecía» de Papolo Vega se cumple diariamente.

Es más grande ahora que cuando caminaba entre nosotros, porque su ejemplo sigue siendo el espejo donde debe mirarse cada comunicador que aspire a ser algo más que un simple repetidor de consignas: un verdadero guardián de la democracia.

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