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La triste partida de Marcial, el motoclncho cuya humildad deja un vacío en Hato Mayor

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​Por Manuel Antonio Vega

HATO MAYOR.-La tarde de este miércoles, una sombra de incredulidad y profunda tristeza cubrió la dinámica actividad de Hato Mayor del Rey. La noticia se esparció como un murmullo doloroso, dando cuenta que Marcial Muñoz, conocido cariñosamente por todos como Chalo, se había quitado la vida.

​Chalo era mucho más que un nombre; era un rostro familiar, el corazón de la famosa «Esquina Caliente» y un pilar de su comunidad que lo vio criarse y desarrollarse, Las Malvinas.

Su trágico final, hallado pendiendo de una soga en un terreno baldío detrás del Palacio de Justicia, paralizó al pueblo y las especulaciones sobre una posible depresión flotaban en el aire, pero nadie podía dar una razón para el dolor que lo consumía, pues Chalo era conocido por su espíritu jovial, juguetón y cariñoso.

​Si te su vida colgaba el sello de la humildad, que era lo que realmente hacía a Marcial Muñoz una figura querida y hoy tan llorada.

Chalo encarnaba la sencillez del hombre de trabajo que dignifica su oficio; su vida era una lección de esfuerzo silencioso y dedicación a los demás, combinando dos labores esenciales pero a menudo invisibles.

Era el «motoconcho» favorito de muchos en Hato Mayor, conocido no solo por su servicio, sino por su sonrisa y su trato amable. En su moto no solo transportaba personas; ofrecía una palabra de aliento o un saludo sincero.

​Se desempeñó como sereno o conserje en una Escuela Estatal en la zona nota del católico pueblo de Hato Mayor del Rey.

Un trabajo que atestigua su compromiso con el servicio, manteniendo limpios y funcionales los espacios donde se forja el futuro de los niños.

​Esta combinación de trabajos, ambos dedicados al servicio del público y a menudo poco valorados, pintan el retrato de un hombre que nunca buscó la fama ni el reconocimiento material.

Su riqueza estaba en el aprecio de su gente.

​La respuesta del pueblo fue inmediata y masiva.

El hallazgo del cuerpo movilizó a familiares, amigos, compañeros de labores, policía y organismos de socorro.

El tránsito se detuvo. Las redes sociales se inundaron de fotos y lamentos.

​En la casa de sus padres, Josefa y Zenón Muñoz, en el sector Las Malvinas, los gritos y lamentos eran incesantes.

Cada susurro confirmaba que se había ido una persona que hacía falta: al hogar, a sus hijos, a su esposa, y al pueblo entero que dependía de su servicio.

​Chalo, el activista político barrial que trabajó por varias candidaturas, el que acababa de celebrar su cumpleaños número 55, se fue dejando una estela de dolor, pero también el recuerdo imborrable de un hombre sencillo.

Murió uno de los motoconchos más carismáticos de Hato Mayor, dejando como legado su vida de servicio, un testimonio de que la grandeza de una persona no se mide por la riqueza o el poder, sino por la humildad y el cariño con que toca la vida de su comunidad.

Quién escribe conoció, a Marcial por allá por el año 1983, en el sector Las Malvinas, cuando iba enamorado de mi esposa, Maribel Rodriguez, que era vecina del hoy extinto

Dios te lleve a lugar seguro amigo Chamo, como siempree le decía.

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