Por Manuel Antonio Vega
La oscuridad de la carretera El Seibo-Hato Mayor se convirtió en una trampa mortal la noche de este lunes. Lo que debía ser un tranquilo regreso a casa para el segundo teniente de la Policía Nacional, Carlitos Crispin Santana, terminó con una vida truncada a la altura del kilómetro 7.
Crispin, un hombre de 49 años y rostro conocido en la comunidad de Las Guajabas, se desplazaba en su fiel motocicleta Suzuki AX-100.
Según los reportes preliminares, el destino le jugó una mala pasada en forma de un «obstáculo fantasma»: un camión volteo averiado que permanecía estacionado en la penumbra.
Testigos y allegados denuncian que el vehículo de carga carecía de señalización luminosa o reflectores, convirtiéndose en una pared invisible para el oficial que transitaba por la zona.
Tras el brutal impacto, el silencio de la carretera fue roto por las sirenas de las unidades del 911.
El oficial fue auxiliado rápidamente y trasladado de urgencia al Hospital Teófilo Hernández.
Sin embargo, pese al esfuerzo de los médicos de turno, las heridas sufridas en la colisión resultaron ser fatales; Crispin Santana se despidió de este mundo en la sala de emergencias.
La noticia ha causado una profunda consternación en el distrito municipal de San Francisco-Vicentillo, de donde era oriundo.
Hoy, la comunidad no solo llora a un oficial de la ley, sino a un vecino que perdió la vida por lo que muchos consideran una imprudencia vial evitable.







