Por Manuel Antonio Vega
El sol de la tarde en Verón caía con su pesadez habitual sobre la carretera principal.
El ruido de los motores y el ir y venir de los clientes en la tienda china Long marcaba el ritmo de un lunes que parecía no tener novedades.
Nadie imaginó que, en un parpadeo, el murmullo de las compras se transformaría en gritos de terror.
Todo ocurrió en una fracción de segundo, cuando cerca de las góndolas, la figura de Natalia Benjamin se cruzó con la de Rafael Hernández, el vigilante privado de turno.
En un movimiento tan inesperado como violento, la mujer logró vulnerar la seguridad del guardián.
Forcejeo, sudor y el frío metal del revólver de reglamento cambiando de manos.
El arma, que debía ser un símbolo de orden, se convirtió en el epicentro del caos, pues
no hubo advertencia, el primer disparo perforó el aire del local, rompiendo la calma y desatando el instinto de supervivencia de quienes allí estaban.
Natalia, fuera de sí, apretó el gatillo varias veces, dónde el eco de las detonaciones rebotaba contra las paredes de la tienda, mientras el pánico se apoderaba de la vía principal de Verón.
Los clientes eran visto en las cámaras de seguridad lanzarse al suelo, otros buscaban refugio tras los estantes, y afuera, los transeúntes corrían sin rumbo fijo, huyendo de un peligro que no lograban ver pero que escuchaban con claridad.
El saldo fue varias personas heridas, cuerpos que sintieron el impacto de los proyectiles en medio de la confusión.
El ambiente quedó cargado con el olor a pólvora y los gritos de auxilio.
Minutos después, el ulular, el grto de las sirenas del 911 y la Policía Nacional cortó la tensión.
Agentes de la Policía Nacional irrumpieron en la escena para frenar la tragedia.
Entre el humo invisible del altercado, Natalia fue sometida y el vigilante, desarmado y atónito, también fue custodiado.
Mientras las ambulancias trasladaban a los heridos a centros de salud cercanos, el local Long quedaba acordonado, convertido en una escena del crimen.
Estado actual del caso
Hoy, este martes, el silencio ha vuelto a la tienda, pero la incertidumbre permanece.
Tanto la mujer como el vigilante esperan en el destacamento de Verón que la justicia determine qué fue lo que detonó esa chispa de violencia.
Lo que pudo ser una tarde común, quedó grabada en la memoria del distrito como el día en que la seguridad se desvaneció en un segundo.
Las autoridades investigan a la mujer y al seguridad, para dar detalles oficiales del hecho, que pudo convertirse en una tragedia con pérdida de vidas.







