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Los abogados que forjaron la identidad jurídica de Hato Mayor

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​Por Manuel Antonio Vega

​Hay verdades que deben escribirse con tinta indeleble para que el tiempo no las borre: Hato Mayor del Rey no solo ha sido tierra de ganaderos y cítricos, sino una cantera inagotable de hombres que brillaron en las ciencias jurídicas, defendiendo la justicia con la misma fuerza con la que amaron su provincia.

​Explorar la historia jurídica de los siglos XIX y XX es encontrarse con gigantes que, desde el estrado o la tribuna pública, marcaron el rumbo de la República Dominicana.

​El Pionero lo fue el expresidente, Cesáreo Guillermo Bastardo

​La estirpe jurídica hatomayorense tiene su génesis en Cesáreo Guillermo Bastardo (1847-1885).

No solo fue el «Decano de los abogados», sino que ostenta un hito histórico: fue el primer presidente dominicano con título profesional.

Graduado en Francia hacia 1872, Guillermo Bastardo elevó la magistratura nacional a niveles de sofisticación académica nunca vistos en la época, combinando la espada del guerrero con el código del jurista.

​La Elocuencia de «Machito» Canto

​Si hablamos de pasión y derecho internacional, el nombre de Bienvenido Canto Rosario (Machito) surge con brillo propio.

Egresado de la Universidad de Santo Domingo, su voz resonó en siete naciones latinoamericanas.

​»Machito» fue un hombre de contrastes fascinantes: un criminalista de verbo florido encendido y convincente que, a pesar de su estatura intelectual, prefería el calor del pueblo y las andanzas con los más humildes.

Su valentía no conoció límites; su oposición frontal a la dictadura de Trujillo lo llevó a las celdas de tortura de «La 40».

Fue él quien, movido por un profundo sentido patriótico, gestionó el traslado de los restos de Cesáreo Guillermo desde Azua, devolviendo a Hato Mayor un pedazo de su historia.

​Antolín Rosa Padilla, ejemplo de superación

​La vida de Antolín Rosa Padilla (1891-1982) parece sacada de una novela de honor.

Militar, maestro y finalmente abogado a los 60 años, demostró que la sed de conocimiento no tiene edad.

​Rosa Padilla protagonizó uno de los momentos más simbólicos de nuestra soberanía: el 12 de julio de 1924, en Santiago, tuvo el honor de arriar la bandera norteamericana durante la desocupación.

Además de su labor legal como Juez y Notario, dejó un legado físico en su pueblo al gestionar ante el Estado la construcción del Templo Parroquial en 1953.

​Integridad en el Congreso, eso representó Juan Diomedes de los Santos,
nacido en el paraje El Salto en 1925.

Juan Diomedes de los Santos Céspedes representó la ética en la política, como Senador (1970-1974), su legado no fue solo de leyes, sino de bienestar social, gestionando el terreno para el Subcentro Sanitario «Dr. Leopoldo Martínez».

Su integridad quedó probada cuando, desafiando las corrientes de su época, se opuso con firmeza al polémico proyecto de ley del «Matrimonio al Vapor», priorizando siempre sus principios por encima de las directrices partidarias.

​Visión y Cultura: Pedro Mortimer Dalmau

​Finalmente, la figura de Pedro Mortimer Dalmau (1913-1981) nos recuerda que un abogado es, ante todo, un humanista.

Notario, escritor y visionario, Dalmau propuso en 1930 la red «Via Ferrofluvial», un proyecto ambicioso que buscaba conectar El Seibo, Hato Mayor y el Río Higuamo para potenciar el desarrollo regional.

Pero su mayor legado fue, quizás, ser la «bujía inspiradora» que encendió el motor del estudio de la historia local.

Estos hombres no solo conocían las leyes; las vivieron.

Desde el exilio, la cárcel o el solio presidencial, estos juristas hatomayorenses demostraron que el Derecho es la herramienta más poderosa para construir una nación.

Hoy, sus nombres son los cimientos sobre los cuales se levanta la dignidad jurídica de Hato Mayor

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