Por Manuel Antonio Vega
Los Gavilleros: Resistencia Patriótica en el Este (1916-1924)
Crónica de la insurgencia campesina contra el invasor yanqui
El movimiento de «Los Gavilleros» no fue una simple banda de forajidos, como pretendió catalogarlos la propaganda estadounidense; fue una respuesta armada y visceral de los campesinos del Este, con Hato Mayor del Rey y El Seibo como epicentros, frente al despojo de tierras y la violación de la soberanía nacional.
Los Gavilleros fueron el primer gran obstáculo del imperialismo en el Caribe del siglo XX, utilizando el conocimiento del terreno y el apoyo de la población rural para desgastar a un ejército tecnológicamente superior.
1. Gral. Vicentico Evangelista: El Caudillo de los «Planazos»
Vicentico, de origen seibano e hijo de Luciano Carela, representó la fuerza bruta y el honor nacionalista. Su fama de hombre temible precedía la invasión, habiendo sometido a «planazos» a varios hombres en Hato Mayor del Rey.
Justicia Guerrillera: No perdonó la traición. Fusiló a Valentín Berroa (ex-policía) y a Zenoncito Liriano, un terrateniente que delató la posición de los rebeldes en el Cantón de Yábano en 1917.
La Entrega y el Engaño:
En mayo de 1917, lideraba una tropa mixta de 40 hombres a caballo y 100 a pie. Aislado y bajo la presión de las fuerzas de Fidel Ferrer, se entregó el 4 de julio en El Seibo.
El Martirio: A pesar de promesas de ser nombrado Gobernador y asimilar sus tropas, fue fusilado vilmente. Desoyó el consejo de su hermano Emiliano y de Bulito Batía, quienes predijeron que las promesas yanquis eran una trampa de sangre.
2. Gral. Martín Peguero: El León de Magarín
Peguero se lanzó a «la manigua» el 24 de marzo de 1918, empujado por la brutalidad del Teniente Halton tras la muerte del Capitán Knox.
Control Territorial:
Desde San José de los Llanos, Peguero operaba con una red de inteligencia social efectiva. Fue él quien calificó a Hato Mayor del Rey como el «Pueblo Imperial» por su inquebrantable espíritu de lucha.
Campos de Concentración: El miedo que inspiraba Peguero era tal que en 1922, el Capitán Hart arrestó a todos los varones de Los Llanos, conduciéndolos atados hacia el Ingenio Las Pajas para intentar quebrar su base de apoyo.
El Legado: Se entregó bajo las garantías del Ingenio Consuelo, marcando el fin de una de las etapas más duras de la guerrilla.
3. Gral. Ramón Natera: El «Hombre Untao»
Natera, natural de Ramón Santana, fue quizás el guerrillero más escurridizo.
Su misticismo y destreza le permitieron escapar de pelotones de fusilamiento, ganándose el apodo de «untao» (como si las balas resbalaran sobre él).
La Guerrillera María Girón
Destaca en su tropa la presencia de María Girón Natera, prueba de que la mujer dominicana también empuñó las armas en la resistencia.
Muerte a Traición: Su vida terminó no en batalla contra los yanquis, sino por la traición criolla.
Fue asesinada en una fiesta en El Jagual el 24 de noviembre de 1923 por Cano Santana, un policía vinculado al entonces ascendente Rafael L. Trujillo.
4. Coronel Abel Gil: La Venganza de La Yaya
Gil fue un estratega que supo mimetizarse, pues tras la matanza del Cantón de La Yaya, organizó una emboscada con 100 patriotas donde cayeron 45 soldados yanquis.
La Estrategia del Conuco: Protegido por Oscar Valdez en Higüey, Gil y sus hombres se dedicaron a la agricultura a escala industrial.
Los invasores, confundidos por la alta productividad de sus tierras en Magarín, llegaron a creer que ya no eran rebeldes, cuando en realidad estaban financiando la resistencia con alimentos.
5. Coronel Félix Echavarría (Félix Ñengue): El Último Centenario
Oficial del Estado Mayor de Bulito Batía, «Félix Ñengue» fue el símbolo de la resistencia silenciosa y la longevidad.
Resistencia y Persecución:
Con el cuerpo marcado por las cicatrices de la guerra nacionalista, mantuvo la chispa en los montes junto a hombres como Audelio Nieves y «La Muchacha» de El Valle.
Superviviente de Trujillo:
Incluso después de la salida de los yanquis, tuvo que esquivar las trampas de Trujillo, quien enviaba espías a su finca de El Rancho No. 2.
Falleció a la asombrosa edad de 106 años en 1972, siendo enterrado en Hato Mayor, el pueblo que juró defender.
Combate La Yaya
La Matanza del Cantón de La Yaya es uno de los episodios más oscuros y sangrientos de la ocupación estadounidense en la República Dominicana.
Representa el punto de inflexión donde la resistencia campesina (los Gavilleros) pasó de la defensa táctica a una sed de justicia y venganza personal.
El «Cantón de La Yaya» no era solo un lugar geográfico, sino un asentamiento defensivo y de refugio para las familias de los guerrilleros y campesinos de la zona de El Seibo y Hato Mayor.
Estos «cantones» eran campamentos en la espesura del monte donde se resguardaban mujeres, niños y ancianos mientras los hombres combatían en la manigua.
La Masacre
En un intento por quebrar la voluntad de los alzados, las tropas de los marines (los «yanquis») localizaron el campamento.
En lugar de un enfrentamiento militar, llevaron a cabo una operación de «tierra arrasada».
El ataque no distinguió entre combatientes y civiles.
La historia ancestral escrita, establecen que se ejecutó a machetazos y disparos a familias enteras.
La estrategia yanqui era clara: si el campesino apoyaba al guerrillero, el campesino debía sufrir.
Esta masacre buscaba sembrar el terror para que nadie se atreviera a dar refugio o alimento a líderes como Vicentico Evangelista o Abel Gil.
La Venganza de Abel Gil
El Coronel Abel Gil fue el encargado de cobrar esta afrenta. Gil, un estratega astuto que más tarde engañaría a los ocupantes haciéndose pasar por un simple agricultor «industrial», organizó una de las emboscadas más letales de la guerra:
En la emboscada reunió a más de 100 patriotas movidos por el dolor de La Yaya, teniendo como resultado aniquilamientode 45 marines en una sola operación.
En la historia de la ocupación, pocas veces un contingente yanqui sufrió tantas bajas en un solo encuentro.
Para los dominicanos de la época, la emboscada de Gil no fue solo un acto militar, sino una respuesta moral a la «vileza» cometida en el Cantón de La Yaya.
Consecuencias Históricas
La matanza de La Yaya tuvo el efecto contrario al deseado por los invasores:
Radicalización del Guerrillero
Muchos campesinos que se mantenían neutrales se unieron a las filas de los Gavilleros al ver que ni siquiera su neutralidad los protegía de la muerte.
La solidaridad regional se inició por Hato Mayor y El Seibo que se convirtieron en un bloque compacto de resistencia.
Los invasores tuvieron que recurrir a la creación de «campos de concentración» (como el del Ingenio Las Pajas) precisamente porque las masacres como la de La Yaya no lograron detener el apoyo popular.







