Por Manuel Antonio Vega
Es un honor tomar la pluma para realzar la epopeya de la familia Rondón en Hato Mayor.
A partir de los apuntes que he tomado del libro «La Familia
Rondón Raíces y Recuerdos», de la autoría del doctor, Ruddy Vásquez Rendón, he intentado dotar al relato de una cadencia y riqueza léxica que haga justicia a esta trascendental saga.
La historia, implacable juez del tiempo, no perdonaría el silencio. Por ello, he decidido tomar la tinta y el papel, no para el simple recuento, sino para el homenaje merecido a los inconmensurables aportes que la familia Rondón ha sembrado en el devenir histórico de la provincia Hato Mayor.
Su legado no es solo invaluable; es el cimiento palpable de un bienestar social, cultural e histórico que se augura perenne.
Desde la gestación misma de la villa, hacia el año de gracia de 1750, pasando por su elevación a municipio y hasta la creación de la provincia, los Rondón han estado en cada hito, en cada respiración de su tierra.
Algunos de sus próceres han tenido el privilegio de ver cristalizados sus sueños: un Hato Mayor más próspero, dueño de una fisonomía urbana particular, que no se mimetiza con otras, sino que cimienta su propia identidad inconfundible.
Ellos, los descendientes de este linaje fundacional, han sido testigos y actores protagónicos en casi todos los episodios que ha atravesado este noble solar, antiguamente conocido como el Hato Mayor del Rey.
Su gravitación ha sido constante y benéfica, manifestándose en los campos de la Educación, la Política, la Judicatura y el ejercicio del Derecho, en las actividades empresariales y comerciales, y en la fecunda producción agrícola y ganadera.
No hay capítulo en las últimas dos centurias que no cuente con la impronta de, al menos, un miembro de esta noble y altruista familia.
Su vocación de servicio no es casualidad; es una heredad que se transmite por un imperativo familiar, no por una mera presunción de intelecto.
El Tronco y la Leyenda del Liberto
La génesis de esta estirpe se remonta al esclavo Valentín de Rondón y la española
Marcelino Rondón es reconocido como el tronco genealógico, después de su padre en el paraje de Guayabo Dulce.
Él es el protagonista de bellas anécdotas rurales, cuyo trajinar se inició en el siglo XX.
De su savia han florecido médicos y abogados, veterinarios y artistas, músicos, poetas, empresarios; en suma, «toda una gama de ciudadanos útiles a la sociedad, a la nación y al mundo».
La tradición ancestral, sin embargo, se bifurca en dos versiones sobre el origen primigenio del apellido en la República Dominicana.
Ambas, como bien señala Ponciano Rondón en el prólogo del libro del doctor Ruddy Vásquez Rendón, «La Familia Rondón: Raíces y Recuerdos» , se compaginan en su esencia, afianzando la veracidad de los hechos.
Corría el año 1750. Un ciudadano español, de apellido Suero y afincado en San Juan de la Maguana, engendró cinco hijos.
Una de las crónicas narra cómo el señor Suero trajo de África, vía España, a un esclavo para las faenas agrícolas, a quien llamó Victoriano.
Pero otra versión, más socorrida, dota a Victoriano de una épica diferente: llegó al país junto a una cohorte de esclavos procedentes del territorio de Ghana, África, adquiridos por el acaudalado español Don Francisco Valenzuela para labrar sus fincas.
De aquel grupo, el joven negro Victoriano sobresalió por su diligencia y eficiencia.
Tal fue su mérito, que al cabo de un lustro, el patrón lo elevó a la categoría de liberto, premio a su conducta y a los valiosos servicios prestados.
Aquí se entrelazan los destinos. Se conjetura que el señor Suero pudo haber adquirido a este esclavo liberto ghanés del señor Valenzuela.
El romance se desata cuando la información apunta a María Asunción, una de las hijas de Don Francisco, quien sucumbió a un amorío clandestino con Victoriano.
Ante la rabiosa oposición de la familia y la amenaza que se cernía sobre ellos, la pareja tomó una decisión irrevocable: la fuga.
La historia del amor prohibido toma vuelo.
El ghanés africano se la jugó y huyó con su joven amada hacia el oriente indómito de la isla.
El padre, abrumado y humillado, partió meses después con la idea funesta de dar muerte al esclavo y recuperar a su hija.
Desde San Juan, Victoriano y su blanca compañera recorrieron un calvario de meses, cruzando montañas, bosques y llanuras, pasando por Estebanía en Azua, San Cristóbal, y de ahí a Sabana de los Muertos, en Bayaguana.
El entonces gobernador español en Santo Domingo, Francisco de Rubio y Peñaranda, se comprometió a localizar a los fugitivos.
Pero ellos ya habían cruzado el río Ozama, con la brújula apuntando a la región de Yuma, en busca de tierras conuqueras sin dueño.
El periplo de los prófugos les llevó a cruzar el poblado de Los Llanos, hasta alcanzar el paraje La Peña-Matapalacio, a orillas del río Maguá, en el sitio de Guayabo Dulce, a pocos kilómetros de Hato Mayor.
Exhaustos, con los pies hinchados de tanto caminar por senderos inexistentes —era la época de la colonia española, sin carreteras, solo caminos vecinales, montes y ríos, encontraron un ranchito de palo deshabitado en un conuco.
Allí fueron hallados por un lugareño de apellido Crispín, dueño de la humilde morada, quien, junto a su esposa, decidió darles albergue y ayuda, a pesar de sospechar su condición de fugitivos.
El matrimonio Crispín los instaló definitivamente en el lugar, proveyéndoles de ajuares de casa y convenciéndoles de desistir de su viaje a Higüey.
Y es aquí, en la vigilia permanente, donde nace el apellido: se cuenta que, debido a que el esclavo Victoriano debía hacer rondas permanentes en alerta ante la inminente persecución, fue apodado «Victoriano el Rondón».
De este liberto ghanés, de su amor osado y de su infatigable rondar en la defensa de su nueva vida, surge un linaje que no solo se ganó al pueblo de Hato Mayor, sino que se fundió con su propia historia.
El Fundo
Guayabo Dulce fue el epicentro y radio de acción del génesis de esta familia en Hato Mayor del Rey.
Fue en esta agricola comunidad que se establecen el esclavo liberto Victoriano de Rondón y la española que escapó de la protección de sus progenitores, para fugarse con el amor de su vida.
Así nació el primer puñado de hombres y mujeres de esta honrosa familia.
Fueron sus vástagos:
Eusebio,
Ramón, Aniceto, y
Porfirio Victor,
Victoriano Francisco, quien llevaba el nombre
de su padre y del abuelo materno.
Luego la descendencia fue aumentando en número y conocimiento intelectual, descollando en diversas carreras del saber humano.
Entre los más destacados del pasado y presente siglo, citamos a Pilar Rondón, fundador de la escuela de Guayabo Dulce, cuyo centro honra su nombre, Eliso Rondón, educador y que una escuela vocacional honra su nombre; Ponciano Rondón Sánchez, abogado y catedrático ena Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) e Iván Amilcar Rondón Sánchez, quien se desempeñó como senador y gestor de la elevación a provincia de Hato Mayor.
Este brillante ser humano y político, además tomó trascendentales iniciativas que impulsaron el desarrollo de la provincia, destandose las elevaciones a Distritos Municipales de Guayabo Dulce y Mata Palacio.
Además fue el ideólogo de la Ley de Seguridad Socia en el país.
Los Rondon, todos han hecho grandes aportes a Hato Mayor, a República Dominicana y a diferentes países.
Ivan Rondón acabó de escribir un libro “Maravillosa Historia de una gran familia Hatomayorense”, está en imprenta y espera ponerlo en circulación en los próximos días del presente mes de diciembre, ahí dedica un capítulo a cada uno de los hermanos Rondón Sanchez, con lo que han sido y lo que han hecho en favor de los demás.
Los padres, Eliseo Romdón y Julia Sánchez procreron 11 hijos, dos murieron en la infancia y de los 9 restantes solo sobrevive Iván Rondón Sánchez.
En un extra matrimonio sus padres tuvo 5 hijos y todos murieron.
» Por ser el único sobreviviente he decidido contar la historia de mi familia*, expone Iván Rondón, uno de los hombres más luminosos con que cuenta la provincia, y a quien admiro, quiero y respeto a profusion.
PIE DE FOTO
Esta fotografía recoge de izquierda a derecha parados a Irene (Iris), Angela (Gela) Bienvenida (Lea), Eliseo, Haydee Dolores María. (Sentados) a Miguel Antonio (Cristian) Mamá Julia Sanchez Silvestre, Papá Eliseo Rondón Vilorio (Don Eliso), Calletano Alberto (Rubio), (Delante en las esquinas) Ivan Amilkar, Ponciano Sigfrido.







