Por Manuel Antonio Vega
La salud no tiene calendario, pero en la comunidad de Morquecho parece que el derecho a la vida se suspende de viernes a domingo.
Resulta inadmisible que, en pleno 2026, los residentes de este distrito municipal tengan que enfrentarse a una puerta cerrada y a un candado cuando surge una emergencia médica en el momento «equivocado».
Un abandono que cuesta vidas
La denuncia es clara y desgarradora: médicos que solo laboran cuatro días a la semana.
Esta jornada laboral de «lunes a jueves» no es más que un síntoma de un sistema de salud centralizado y apático que considera a las comunidades rurales como ciudadanos de segunda categoría.
¿Cómo se le explica a una madre con un niño en crisis respiratoria o a un accidentado que su vida debe esperar hasta el lunes?
Obligar a un paciente grave a recorrer 15 kilómetros por caminos rurales hasta el Hospital Leopoldo Martínez en Hato Mayor no es una alternativa, es una condena impuesta por la negligencia administrativa.
El silencio de los despachos
La mirada ahora se posa sobre las autoridades.
El senador Cristóbal Castillo y la gobernadora Maribel Simón no pueden seguir gestionando desde la distancia mientras Morquecho queda en el desamparo total cada fin de semana.
No se piden favores: Se exige el cumplimiento de un derecho constitucional.
La solución es técnica, no política: Se requiere la asignación inmediata de personal médico permanente y un sistema de guardias que garantice atención las 24 horas, los 7 días de la semana.
Conclusión
Mantener una policlínica cerrada el 40% de la semana es una burla a la dignidad de Mata Palacio.
Las autoridades de salud tienen dos opciones: o abren las puertas de la policlínica de Morquecho de forma definitiva, o asumen la responsabilidad moral y legal de cada vida que se apague en el trayecto hacia Hato Mayor.
La salud en Morquecho no puede seguir siendo un servicio a tiempo parcial.
Parece que están dejando caer el gobierno en Hato Mayor.







