Por Manuel Antonio Vega
En el ambiente de Consuelo, ese municipio que late al ritmo del tiempo y el trabajo duro, se corrió la noticia que nadie quería dar: a los 78 años, el corazón de don Francisco Reyes, conocido por todos como «Francisco Marcos», decidió que era hora de descansar.
Un camino trazado entre tabaco y surcos
Francisco no era un hombre de quietudes.
Su historia comenzó en el paraje Monte Firme, allá en Mata Palacio, donde el verde de Hato Mayor se funde con el sudor de quienes trabajan la tierra.
Fue allí donde forjó su primer legado entre el aroma de las hojas secas, operando una fábrica de tabaco que se convirtió en el sustento de sus primeros años y en el símbolo de su espíritu emprendedor.
Pero su visión era más amplia. Años más tarde, San Pedro de Macorís lo vio llegar con la determinación del que sabe negociar con la vida.
En el Mercado Municipal, Francisco Marcos se convirtió en una figura familiar; entre sacos de víveres, colores de frutas frescas y el bullicio de los vegetales, construyó no solo un negocio, sino un nombre respetado por clientes y colegas.
El pilar de una familia
Más allá del mostrador y las fincas, Francisco fue el arquitecto de un hogar sólido.
Deja en la viudez a doña Amantina Reyes Santana, su compañera de camino.
Su herencia más viva, sin embargo, camina hoy en los pasos de sus hijos:
Manuel y Hermógenes Reyes, quienes han hecho de la palabra su oficio en la comunicación.
Santo (Williams) y Genaro Reyes, quienes heredaron la destreza comercial de su padre.
El último adiós
Hoy, la Funeraria Municipal de Consuelo se convierte en el punto de encuentro para una comunidad que agradece su paso por esta tierra.
Se va el hombre de Monte Firme, el tabaquero de Mata Palacio, el comerciante de la Sultana del Este; se queda el recuerdo de un hombre que supo trabajar la vida hasta el último suspiro.
Paz a su alma.







